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Cartas al director

Oceanía está en guerra contra Sánchez

Uno de los mensajes que nos trasmite la lúcida novela de Orwell 1984 es que cuanto más abstracto y por lo tanto ficticio sea el enemigo más fácil será echarle la culpa.

Por eso Pedro Sánchez está inventándose enemigos ficticios y abstractos sin parar, a los que poder culpar. El último enemigo que se ha inventado es el que dice que ha provocado un ciberataque a nuestra red eléctrica y por mucho que los técnicos desmienten esa posibilidad, él no solo no la descarta, sino que no para de alimentarla como un bulo más.

No hay mejor forma de evadir la culpa que volviéndola lo más abstracta y difusa posible, convirtiéndola en algo etéreo, vago y por lo tanto inescrutable e inimputable.

Para conseguirlo, Sánchez lo tiene claro, no hay que descartar ninguna posibilidad, porque cuantas más hipótesis abiertas haya más confusa será la culpa y más dispersa estará.

Sánchez sabe que la única forma que tiene de exculparse es enturbiándolo todo con imprecisiones, vaguedades y ambigüedades.

Cuanto más abstracta sea la culpa más desactivada estará.

Javier Sanz Gómez

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