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Cartas al director

El Jubileo de cofradías: una gran insensatez

La decisión de trasladar a Roma tres pasos tan importantes de la iconografía española –Jesús de la Expiación, «el Cachorro», la Virgen de la Esperanza de Málaga y Nuestro Padre Jesús Nazareno de León-, para participar en el Jubileo de Cofradías, última ocurrencia del anterior pontífice, ha sido, para mí, una insensatez por varias razones. Las dos primeras son la económica y el riesgo para la integridad de esas imágenes irremplazables. Excede de la prudencia someter a estas imágenes y sus respectivas andas a semejante riesgo, aunque no pase nada. Y el dispendio económico, de peritaciones, seguros, medidas de seguridad, vigilancia, transportes especiales, viajes, estancias de Juntas de gobierno, costaleros por triplicado para poder aguantar el recorrido, autoridades, afines, etc. No creo que sea necesario abundar más en ello. Y las demás razones se han revelado durante la misma procesión por el Coliseo. Estas imágenes quedaban deslucidas en espacios tan abiertos. Carecían de la intimidad de las calles estrechas por donde desfilan en sus propias ciudades. A la procesión le faltaba la solemnidad habitual. El cortejo desfilaba sin orden ni concierto. Se les notaba confusos, desubicados; iban como gallinas en corral ajeno. Además, se entremezclaban los sonidos de las bandas de música formando un guirigay harto desagradable. Y penúltimo, yo no vi multitudes viendo esta procesión. Para mí que a los romanos les importó una higa y, salvo unos pocos curiosos, pasaron olímpicamente. Pero naturalmente, tanto las autoridades civiles como eclesiásticas afirmaban con rotundidad que fue un hecho histórico. Al fin y al cabo no iban a reconocer su equivocación públicamente. Pero también hubo un imprevisto: la lluvia. En Sevilla, Málaga o León, los respectivos Hermanos mayores deciden si salen o no los pasos según las previsiones climatológicas. En Roma, después de tan gran alarde, estaban obligados. En estas ciudades, si llueve, los pasos se refugian en iglesias cercanas. En el Coliseo, dígame usted donde. Y llovió.

Estas imágenes están muy bien donde están y el que quiera que vaya a verlas. No son un espectáculo para consumo humano.

Enrique Goicoechea

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