Cartas al director
PP, PSOE y el tablero inclinado
En febrero de 2016, Esperanza Aguirre dimitía como presidenta de los populares madrileños a raíz de los casos de financiación irregular del partido y, en abril de 2017, tras la detención de su número dos, dimitió como concejala del ayuntamiento: en ambos casos asumía la responsabilidad política in vigilando y, a pesar de ello, cadenas sectarias como La Sexta se lanzaron a señalar que cómo era posible que Aguirre no supiera nada de que su mano derecha estuviera involucrado en corruptelas.
Hoy, sin embargo, la historia con Sánchez es diferente, y es que el césar socialista defenestró de su gobierno a Ábalos para perplejidad de todos, pero al mismo tiempo defiende no saber nada de sus turbios negocios con Aldama, de los enchufes a señoritas de catálogo en empresas públicas como una de ellas reconoció en sede judicial, ni del uso que de Paradores hacía para organizar presuntas bacanales.
Asimismo, Rajoy era un corrupto a ojos del PSOE por aquel SMS a Bárcenas donde afirmaba «Luis, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo», mientras que, por el contrario, Sánchez es víctima de una cacería política, mediática y judicial cuando se han publicado mensajes como «te traslado mi solidaridad ante los infundios que veo en medios» o «echo de menos trabajar contigo» dirigidos al que fuera su número dos.
La hemeroteca es, en fin y con perdón, jodida, pues basta con ir a YouTube y buscar «Rodrigo Rato, el símbolo de la Aznaridad herida» de La Sexta: en el minuto 8:18 la célebre Pardo de Vera – hermanísima de quien contrató a la íntima de Ábalos – afirmaba a propósito de Rato, otro gran escándalo de los populares, literalmente, que «cuánto van a callar, cuánto van a renegar y cuánto van a hacer como si Rato fuese uno que pasaba por allí en el PP, que nadie lo conocía», algo que da, cuanto menos, para un «remake» socialista con «Ábalos, símbolo del sanchismo herido» como título y preguntarnos, no solo cuánto van a hacer como que el hombre fuerte del partido era un simple figurante, sino también cuándo va Sánchez a asumir las mismas responsabilidades que a otros exigía cuando se erigía como adalid de la ejemplaridad.