Cartas al director
¿Puede ser la hora del cambio?
A Page lo recibieron en la calle Ferraz con gritos de «facha» y «traidor». Los que se lo chillan se supone que son simpatizantes socialistas más próximos a Sánchez que a otra cosa. Ante tales agravios, expresados a pleno pulmón madrileño, a escasos metros de la sede del PSOE, el presidente de Castilla-La Mancha aprieta la mandíbula, mira desafiante y pisa fuerte en su paseíllo hasta la puerta de la casa sociata. Junto a él caminan sus ocho diputados nacionales por Castilla-La Mancha. Esos mismos que no se levantarán a aplaudir a su jefe Sánchez tras su discurso para mostrar, junto a su verdadero gerifalte, quién manda… al menos en Toledo y provincias colindantes.
Poco más tarde, Page le pidió, casi a la cara al actual presidente del Gobierno, que pusiera fin a sus siete años en la Moncloa y, en su exceso, convoque elecciones cuanto antes o, en su defecto, active una moción de confianza. Esto abre un nuevo escenario en el que la guerra no es que sea abierta, es que es a pedradas y campo a través. Mientras el político toledano desafía a los suyos, sabiéndose poseedor de la mayoría absoluta más abrumadora de los reinos socialistas de la España de 2025 y del apoyo de un pretérito González, al que también tildan de «traidor» y de «facha», el núcleo duro del aún secretario general del PSOE carga ya sin tapujos, y a mandíbula batiente, contra el político nacional al que más temen… sus razones tendrán para ello.
Todo esto estaría muy bien, si fuera algo más que un puro paripé. La primera razón para ello es que, si Page quisiera, retiraba a Sánchez el apoyo de sus ocho diputados y se cargaba la legislatura en un periquete. Y lo segundo es porque este posicionamiento frente al Gobierno sólo tiene un objetivo para Page y no es otro que ir situándose en la primera posición de cara a consolidar su potencial candidatura a próximo presidente del Gobierno por parte de ese mismo PSOE al que ahora castiga, ataca y dice no reconocer. Y es que ya hasta para muchos socialistas, de los que aún conservan algo de vergüenza y dignidad política, poco importa que en unos virtuales futuros comicios perdieran la gobernanza del país. Ahora es un clamor en silencio que lo que desean es que Sánchez se vaya para siempre de un partido político al que ha sumido en la mayor y más grave crisis imaginada.