Cartas al director
Rendirse sin disparar
La reciente reunión entre Donald Trump y Ursula von der Leyen en Escocia ha dejado a Europa en una posición comercial claramente desfavorable. El acuerdo alcanzado impone un arancel del 15 % a los productos europeos vendidos en EE.UU., mientras que los bienes estadounidenses entrarán en Europa sin ningún tipo de gravamen. A esto se suma la compra europea de 640.000 millones de euros en energía estadounidense en tres años, además del compromiso de adquisición de material de defensa norteamericano.
¿Evitar una guerra comercial? Tal vez. Pero cuando una parte impone y la otra cede en todo, hablamos más bien de una rendición pactada. Europa enfrenta un desequilibrio que socava su soberanía industrial y su autonomía estratégica, en especial en sectores clave como la energía y la defensa.
El caso de productos como el aceite y el vino, esenciales para España, sigue sin esclarecerse. Si compiten sin protección frente a países no europeos, los perjuicios serán directos. Además, la hipocresía de ciertos sectores europeos —que critican los aranceles cuando les afectan pero los promueven cuando les benefician— debilita la coherencia interna.
Este acuerdo no corrige la balanza, la inclina. Es una concesión preocupante que debe invitar a Europa a repensar su estrategia global y comercial. Aceptar condiciones tan desequilibradas no es diplomacia, es claudicación.