Cartas al director
Ética política y titulitis selectiva
La dimisión esta semana de la diputada Noelia Núñez por falsear su currículum es un gesto poco habitual en la política española. Admitió el error y asumió las consecuencias. Sin embargo, lo que más sorprende no es la dimisión, sino el doble rasero con que se mide este tipo de actos.
Desde el PSOE han sido rápidos en criticarla, ignorando que en sus propias filas existen casos similares —incluso más graves— que jamás han supuesto una renuncia. ¿Por qué la ética solo aplica al adversario? No se trata de justificar mentiras, sino de exigir coherencia en los juicios.
Además, esta situación reabre un debate recurrente: la titulitis como dogma. Se desprecia a quienes no poseen estudios universitarios, como si carecieran de derecho a opinar, votar o representar. Sin embargo, muchos titulados no ejercen en su campo, y muchos sin títulos son excelentes representantes de la realidad social.
La política necesita menos egos académicos y más personas comprometidas, cercanas, con sentido común. Mentir es grave, sí. Pero usar la ética como arma partidista es aún más peligroso.