Cartas al director
Lo absurdo de ciertas protestas
Que atentar contra la vida de un ser humano es algo infame y despreciable, no es discutible ni cuestionable. La vida debe respetarse por todos, sea cual sea la jerarquía y autoridad; incluso al malvado hay que respetársela, aunque él haya provocado un daño elevado al resto de la sociedad. Y que las guerras transgreden este principio, es algo tristemente cierto y sin justificación alguna.
Sufrimos en los tiempos actuales (también ocurría en otros tiempos) la obsesión maléfica de algunos poderosos de alcanzar más poder, para lo que no vacilan en acabar con la vida de seres humanos, sin escatimar en su número y la forma de hacerlo y destruir todo lo que sea necesario. Cada día avanza más la técnica en los procedimientos de matar y pone más fácil a estos asesinos esa labor. Otros también lo hacen con la excusa de autodefensa. En todos los casos es perverso matar a una persona.
Hay un mandatario que se le antojó un día invadir un país, sin estimar el número de vidas que tenía que eliminar para ello, llegando, según algunos autores, a matar a más de un millón de personas. Otro mandatario pensó que ante los atentados que perpetraron en su país unos terroristas, debía intentar eliminarlos. La actitud de ambos es terrible y debe ser recriminada por la sociedad, pero lamentablemente solo recriminan al segundo y se le montan monumentales protestas. ¿Cuál es la razón de esa parcialidad?