Cartas al director
Ánimo, vicepresidenta
A la vicepresidenta Yolanda Díaz se le ve bastante contrariada (decir jodida no me parece lo más oportuno en estos tiempos de tanta corrección política) al tumbar el Congreso su proyecto estrella de reducir la jornada laboral a 37,5 horas semanales. Duro revés para su futuro.
Un proyecto de ley que la vicepresidenta de salón y boutique, pretendía colar sin apenas negociación y un mínimo consenso con todos los actores implicados, salvo con los paniaguados de Unai y Pepe, también contrariados porque tuvieron que salir a trabajar unas pocas horas con la pancarta y el megáfono en defensa de los derechos y el bienestar de «todos» los trabajadores. Trabajar menos cobrando lo mismo. Sin ellos, no seríamos nada.
La vicepresidenta, ahora preocupada por los votantes de «tres formaciones políticas de derechas», parece no haberse enterado de que su socio de gobierno, el partido de Pedro, pasó olímpicamente de su proyecto de ley. En ningún momento el partido de los aventajados Ábalos, Koldo y Cerdán, se volcó con la negociación y búsqueda de apoyos parlamentarios (no hay que molestar innecesariamente a Puigdemont), y en la sesión parlamentaria del miércoles, durante su bla, bla, bla ideológico, no hubo ningún ministro sanchista en su escaño.
O que el «pibón», así llamó Yolanda a Pedro Sánchez en un programa de televisión, redujo su jornada laboral para irse al cine con Begoña a ver una película sobre Cervantes que ahora dicen que fue trucha, ausentándose de la votación. Un gesto muy poco progresista por parte del presidente.
Solo espero que la vicepresidenta no decaiga en su empeño de conseguir hacernos la vida más feliz. Ella, que tiene límites y principios y no va a entregar España, no deja de hacer cosas chulísimas desde su llegada al Ministerio de Trabajo.