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Cartas al director

Equipo de campeones versus equipo campeón

La Ryder Cup, el duelo bianual de golf entre Europa y Estados Unidos, es mucho más que un torneo deportivo. Es un laboratorio vivo de estrategia, liderazgo y trabajo en equipo. La edición 2025 lo dejó claro: tras la casi remontada épica de EE.UU., la primera lección es no bajar nunca la guardia o, dicho en castizo, «hasta el rabo, todo es toro».

El equipo europeo de 2025 estaba formado por jugadores de nueve nacionalidades distintas. A pesar de sus diferentes culturas, compitieron como un solo bloque. El motivo no fue económico, sino el honor de representar a Europa. Sus egos se subordinan a un objetivo colectivo: ganar juntos. Cada punto logrado se celebra en grupo y cada error se asume de manera compartida.

Los capitanes europeos son piezas decisivas. Exjugadores sólidos, ejercen más como líderes que como jefes: Ofrecen energía, afecto, inspiran, cohesionan, transmiten confianza y gestionan egos. Veteranos y novatos se complementan mutuamente, creando un legado compartido que fortalece la identidad del equipo. Cada pareja y cada orden de salida responden a un plan estratégico diseñado para complementar virtudes y minimizar debilidades.

Europa, históricamente, gana a menudo con menos estrellas que EE.UU., pero con mayor cohesión, resiliencia y sentido de equipo. La prioridad no es lucirse de manera individual, sino triunfar como conjunto. Ese buen rollo que se respira es algo que se percibe incluso desde la TV.

La lección trasciende al deporte: la verdadera fuerza no está en el talento individual, sino en definir un proyecto común, creer en él y remar todos en la misma dirección. A poder ser, bien liderados.

¿Y si nuestros parlamentarios actuaran de la misma manera? ¿Ver un proyecto de país? … O acaso la idea os provoca la risa floja.

Juan Leyva Olarte

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