Cartas al director
¿A dónde vas, Europa?
La identidad de Europa se basa en la conciencia de un pasado común y unos valores compartidos, como la libertad y la democracia. Según un reciente estudio del Parlamento Europeo, el 39 % de la población no se siente europea. Está decreciendo el sentido de identidad y de pertenencia.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, declaró recientemente que «necesitamos otra Unión Europea; tendrá que estar preparada para salir al mundo y desempeñar un papel muy activo en la configuración del nuevo orden mundial que se avecina».
La vieja Europa está generando apatía política y social, desapego de la comunidad y aumento del individualismo. También el aumento de partidos euroescépticos y el resurgimiento de los nacionalismos.
Los males de Europa son comunes a los de España, sobre todo la indiferencia hacia los problemas colectivos y la pasividad ante algunas regiones proclives al separatismo.
Pero ¿será posible la nueva Europa olvidando su orígenes? El 9 de noviembre de 1982 Juan Pablo II pronunció un memorable discurso sobre la pérdida de la identidad europea con este reto: «Vieja Europa, vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes».
La identidad cristiana de Europa se aprecia especialmente en que el cristianismo dejó una huella profunda en la cultura europea, visible en la arquitectura, la música sacra, la literatura y el arte.
Joseph Weiler sostiene que el ser humano busca dar un significado a su vida que va más allá del interés personal. En los inicios del siglo XX este deseo humano se cubría en Europa con tres elementos: familia, Iglesia y patria. Posteriormente estos elementos de diluyen. Ello da lugar a un vacío espiritual que está en la base de la decadencia de Europa.