Cartas al director
La libertad como pancarta
Probablemente, la libertad es el derecho más esencial de la persona, cualquiera que sea la ideología que se profese, es el libre albedrío, la voluntad para elegir. Una persona sin libertad es un esclavo, un ser servil, a veces obligado por un poder corrupto, otras, y bastantes veces, impuesto por la adhesión inquebrantable a un partido o por la sumisión a un líder. Es entonces cuando la persona pierde su capacidad de decidir porque debe seguir la línea marcada por el partido, sea cualquiera la senda que impone la estrategia política.
La afiliación incondicional a un partido no es posible sin la entrega de la voluntad. Es por ello que la persona en muchas ocasiones renuncia a su libertad y pasa por el aro de la docilidad y sumisión al partido, entrando en el rebaño que comporta seguir al líder, el pastor que te puede llevar por cualquier barranco o hacerte caer en la patología psíquica que padezca. Por ello, nada más provechoso que ejercer la condición de libre, la principal virtud humana, y cuando llamen a comicios votar al que te plazca.