Cartas al director
Y con él llegó el escándalo
Los primeros días de 2026 nos parece que hemos vuelto al Lejano Oeste.
El Far West que vimos con John Wayne, John Ford o Gary Cooper regresa a nuestras pantallas, en este caso, representado por Donald Trump como Liberty Valance, el más malo de todos, a la espera de sheriff en el condado que lo capture. Pero aquí no se avista nadie y lo que parece es que el primo de Zumosol se va a hacer con Venezuela, Groenlandia y el resto del Monopoly que se ponga o cruce a su paso. La Unión Europea es la dama que hace aspavientos en el carruaje o en el ferrocarril y pide las sales, aunque no tiene armas para defenderse. Y Rusia y China, los otros malotes del universo, bichean y miran de reojo para saber con quién se juegan los cuartos. El mundo ha cambiado en dos años más que en ochenta. Son los tiempos que nos ha tocado vivir y resulta enternecedor contemplar viejas fórmulas para problemas nuevos.
Sobre todo, cuando observamos que la lógica inquebrantable del malote no se detiene ante nada. Trump tiene razón cuando dice que lo último que ha comprado Dinamarca para su defensa es un trineo con perros. Al final, iba a llevar razón desde el principio el americano cuando advertía del incremento del gasto en Defensa. Ahora, lo más que se plantean los europeos es mandar fuerzas de interposición a Ucrania, si llega la paz. Y a ver quién es el guapo de Europa que propone volver al servicio militar obligatorio. Va a resultar que el cinco por ciento en Defensa se queda corto. Pedro Sánchez vuelve a encontrar su oportunidad y como buen estratega, no la desaprovechará. Aquí se libra un conflicto global, pero luego cada maestrillo tiene su librillo y cada artista, su público. En España sabemos que la postura antiamericana excita muchísimo a la izquierda. Puede ser una manera de galvanizar y conseguir lo que ni Gaza ni Eurovisión ni mucho menos el fiscal general del Estado, consiguieron: la movilización radical de la izquierda que deje en mantillas a la derecha.
Son tiempos complicados para el matiz, el cincel o la precisión, pero la democracia liberal se ha caracterizado precisamente por el detalle y la disidencia. Ahora hay que pensar de manera igual y uniforme para que te pongan en un bando o en otro. Bien por la captura de Maduro que está en prisión y ya veremos qué pasará con Delcy, la traidora, Cabello y el resto del régimen. Pero de nada vale lamentarse ni clamar al cielo. Hay que jugar con las cartas dadas de manera inteligente. Con Trump llegó el escándalo y esto no ha hecho más que empezar.