Cartas al director
El fin del mundo: una historia por San Valentín
Cuando los jinetes cabalguen los cielos, el día de la cólera sea una realidad, la Tierra se descomponga y el mundo sea oscuridad, una luz, mi camino, iluminará.
Cuando Babilonia sea ruinas, el caos, un sentir general, y los humanos no podamos caminar, tus manos, mis pasos, guiarán.
Cuando los seres perezcamos, en este apocalipsis mortal, nuestro cuerpo, sea polvo, y nos pese todo nuestro mal, tus ojos, en lo oscuro, resplandecerán, y mi mirada salvarán.
No será por mis fallos, errores, complejos y presunciones, por las veces que me equivoqué, de palabra, pensamiento y omisión, y no pedí perdón. Será por la Misericordia de Dios, ante tu bella sonrisa, su más preciada creación.
No te querré con mi corazón, pues ceniza será, ni con mi mente, que lo acompañará, te amaré con mi alma, que el fin del mundo, traspasará.
Cuando en el Juicio Final, desnudo y pecador me encontraré, teniendo seco mi lagrimal, mi única defensa se basará, en que nunca me cansé de hacerte feliz, si el mundo llega a su fin, mi mayor desdicha será, no poder a tu lado pasear, iluminar tu rostro al despertar, y besarlo, al acostar, mientras con él me ilusionaría al soñar.
Entonces, sentenciado por la Divina Justicia, por mi mal uso del libre albedrío, tus palabras gritarán, tu voz a los jueces detendrá. A este hombre hay que salvar, con su alma me juró amar, a Dios puso por testigo, y el Creador, así lo afirmará. Mi existencia, Él salvará, para poder tus labios en la Jerusalén Celestial besar.
En esta amnistía de la extinción, todas las cornadas, desvelos, cicatrices, insomnios, silencios y desprecios, serán pasado, pues tu amor me habrá resucitado, todo aquello será olvidado, y mi mayor regalo, tener el Cielo a tu lado.
El amor no está en quien te acompaña al fin del mundo, si no, en los brazos del alma que te hagan alcanzar la eternidad, romper las barreras de lo temporal y disfrutar de la perpetua felicidad.