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Cartas al director

23-F: interrogantes para una efeméride

El reciente anuncio, por parte del actual Ejecutivo, de desclasificar la documentación del 23-F ha producido un aluvión de comentarios. La intentona golpista de aquella tarde de febrero de 1981 forma parte de un catálogo de acrónimos numéricos de nuestra historia reciente como el anterior 20-D (1973), asesinato de Carrero Blanco, y el posterior 11-M (2004), atentados terroristas en Atocha. Todos los hechos históricos tienen una vertiente interna y otra externa, pero en España el ombliguismo ha predominado. Pero, ¿cuál es la versión externa del 23-F? Interpreto datos; la declaración del entonces secretario de Estado de los EE. UU., Alexander Haig, a pesar de su laconismo, es muy expresiva: «Es un asunto interno español».

Las grandes potencias, realmente, como en tantos otros cambios de poder por la fuerza, no les interesó el régimen político y, mucho menos, el sistema democrático. Los países son piezas de un enorme rompecabezas mundial que deben cumplir un rol específico. Nada más. En el caso de España, piensen. ¿No tuvo lugar el golpe de los militares turcos en septiembre de 1980? ¿Acaso es casual el extraño accidente que condujo a la muerte del primer ministro portugués Francisco Sa Carneiro en diciembre de 1980? Los abrazos de Adolfo Suárez con Fidel Castro (1978) y Arafat (1979) no sentaron nada bien en los círculos diplomáticos y políticos de Washington. En EE. UU., el flamante presidente Ronald Reagan, quien hizo del anticomunismo visceral su bandera de enganche, tomó posesión del cargo el 20 de enero de 1981. Solo nueve días después dimitía en España Adolfo Suárez. Y en trance de comparaciones, la experiencia democratizadora en España a la muerte de Franco casi repite, con milimétrica precisión, la etapa antecesora.

El experimento democratizador de la II República duró un quinquenio (1931-1936), exactamente lo mismo que hubiese durado la Transición política española de haber triunfado el 23-F en 1981, puesto que comenzó con la designación de Adolfo Suárez como presidente del gobierno en 1976, es decir, justamente, cinco años antes.

Carlos A. Font Gavira

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