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Cartas al director

En el vagón de cola

Cuando sube la energía ya se sabe que baja la paciencia para con la política, y en España las consecuencias económicas derivadas del conflicto en Irán han llegado encima antes que las respuestas. El Gobierno de Pedro Sánchez asegura que prepara un plan anticrisis y que lo aplicarán «lo antes posible». Es una expresión cómoda, ya que parece transmitir diligencia sin comprometer un calendario. Parece que no hay prisa y, mientras tanto, los precios del combustible suben y los sectores afectados esperan y se desesperan. Con todo, algunas pistas ya se han deslizado desde el Ejecutivo. La vicepresidenta Yolanda Díaz ha hablado de prohibir despidos por causas energéticas, antes de irse a Los Ángeles a la ceremonia de los Oscar, no sé que falta haría allí esta señora, también habló de estudiar cambios fiscales en los carburantes o congelar desahucios y alquileres. Son medidas conocidas. Forman parte del repertorio de crisis de los últimos años. Pero ni siquiera dentro del propio Gobierno hay plena claridad sobre cuándo llegarán. Ahí aparece el primer problema. En política económica, el tiempo también es política.

Un plan que tarda demasiado en concretarse acaba pareciendo una promesa más, de las muchas que ha hecho Pedro Sánchez, sólo hay que fijarse en lo que colean los daños de la dana de Valencia. La oposición lo ha entendido así. Desde el Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo acusa al Gobierno de aprovechar la inflación para recaudar más. Habla de «hacer caja». Y añade otro elemento al debate, como es el enfrentamiento con Donald Trump como instrumento de política doméstica. La crítica refleja una sospecha extendida en los 'populares', que no es otra más que el Gobierno administra las crisis pensando primero en su querido relato. Sin embargo, el verdadero mal síntoma de la situación está en otro lugar. El Ejecutivo ha descartado reunir a los presidentes autonómicos para abordar la crisis energética de forma conjunta y el motivo esgrimido para no hacerlo es el calendario electoral. Y siguen perdiendo unas elecciones tras otras. La explicación es reveladora; y terrible. En teoría, una crisis internacional que amenaza con disparar precios y tensionar la economía exigiría la máxima coordinación institucional. En la práctica, la política española sigue midiendo cada movimiento en clave electoral.

Genaro Novo

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