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Cartas al director

Injerencia, intervención y guerra

Al finalizar hace unos días la presentación sobre un cuaderno de viaje a Polonia, escuche unos comentarios sobre el exterminio masivo en Auschwitz. ¿Cómo pudo ocurrir? y ¿por qué no se paró por los que lo sabían? Y posteriormente sobre la Guerra de Irán: «No es moralmente aceptable ir a ninguna guerra». Esa noche recordé las conferencias y discusiones que habíamos tenido en París en XI Curso del Colegio Interejércitos de Defensa (CID), sobre «Injerencia vs. Intervención humanitaria», doctrina del derecho internacional que sostiene que los estados y la comunidad internacional tienen la facultad y, a veces, la obligación de intervenir en el territorio de otro Estado cuando se producen violaciones graves y masivas de los derechos humanos y «Guerra justa».

Los primeros son fácilmente confundibles, pero se distinguen por el uso de la fuerza: Injerencia humanitaria: acciones de asistencia (comida, medicinas) sin consentimiento del Estado afectado pero sin llegar al uso de armamento y normalmente respaldada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Intervención humanitaria: implica el uso de la fuerza armada para proteger a poblaciones en riesgo de exterminio o genocidio.

La 'guerra justa' (Bellum Iustum) es un concepto ético y jurídico que intenta determinar cuándo es moralmente aceptable ir a una guerra y cómo combatir en ella. Ojo, no dice que la guerra sea «buena», sino que es un «mal menor» necesario en situaciones extremas para evitar un «mal mayor». El cuándo y el cómo lo divide en dos categorías: Derecho a la guerra (Jus ad bellum), motivos para emprenderla: Causa justa, autodefensa o proteger a inocentes de un genocidio. Autoridad legítima, sólo puede declararse por un gobierno u organización internacional, no por individuos o grupos. Último recurso, tras agotar las vías diplomáticas y pacíficas. Objetivo «correcto», restaurar la paz, nunca el beneficio económico o territorial. Y Derecho en la guerra (Jus in Bello): Distinción, sólo contra combatientes, no contra civiles y proporcionalidad.

El ejemplo histórico más claro es la Segunda Guerra Mundial, por parte de los Aliados. Lucharon en «defensa propia» tras agresiones directas (invasión de Polonia y otros países en Europa y ataque a Pearl Harbor en Asia) y para detener el exterminio masivo que estaba perpetrando el régimen nazi, lo que enlaza con la conversación que relaté al principio.

Lo que estamos viviendo estos días no es una discusión seria y razonada sobre unos acontecimientos o un conflicto a nivel regional con unas repercusiones globales, están transformando tragedias humanas en un instrumento de «distracción masiva», en una cortina de humo que insulta la inteligencia del ciudadano, en un recurso desesperado que usa el ansia de paz de los españoles para, tapando corrupción e ineptitud gubernamental, buscar el aplauso fácil y un rédito electoral mediante una falsa superioridad moral. Por favor, seamos críticos, centrémonos en los problemas de España y exijamos al Gobierno la responsabilidad de gobernar.

Félix Eugenio García Cortijo

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