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Cartas al director

¿No a la guerra?

En Afganistán, a partir de 2001, se libró una guerra entre su Gobierno y la insurgencia talibán que finalmente se alzó con la victoria. España, como miembro de la OTAN, estuvo al lado del gobierno afgano, lo que implicó combatir a la insurgencia que nos consideraba su enemigo y nos atacaba siembre que tenía ocasión y con todos los medios a su alcance. No fue una guerra convencional, como la que hoy se libra en Ucrania, sino irregular o «asimétrica», pero guerra al fin y al cabo. Al contrario de otras misiones internacionales en las que nuestras FFAA actuaron como fuerzas de interposición entre beligerantes o de vigilancia de los acuerdos de paz (Bosnia, Kosovo, Líbano, incluso Irak), en Afganistán se nos envió a una guerra en la que finalmente cayeron, en acto de servicio, más de cien militares españoles.

De hecho, en los meses que desplegó nuestro contingente, desde finales de 2009, combatimos a la insurgencia, con mayor o menor intensidad, en más de una decena de acciones. Sufrimos bajas propias y también las causamos al enemigo al emplear nuestras armas sobre el terreno y las de los medios aéreos que nos apoyaban desde el aie. En España gobernaba entonces el PSOE, con Zapatero de presidente y el general de Podemos —un tal Rodríguez— de Jemad. No recuerdo haber oído a nadie gritar entonces 'No a la guerra', ese eslogan tan trivial como políticamente rentable, y mucho menos a los que antes habían hecho campaña con él. Por eso, cuando vuelve a utilizarse, ahora por el «superhéroe de la democracia» –ministra Redondo dixit–, con Zapatero de comparsa, es evidente que el nivel de hipocresía y falsedad de ambos fantoches está muy lejos aún de tocar techo. Y sus seguidores de tocar fondo.

Manuel Sierra

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