Cartas al director
Cuando se silencia la esperanza
En 2012, los premios Goya, máximos exponentes del mundo audiovisual español, daba la estatuilla a mejor película extranjera a una obra que abogaba por la esperanza ante la enfermedad. Cómo puede vivirse con dignidad, conocer el amor o desarrollar un proyecto personal frente a una enfermedad que ata a una persona a una silla de ruedas.
En 2026, la sociedad civil española, no toda pero sí una mayoría y en especial los mayores altavoces, aplaude con una fe ferviente el suicidio asistido a una joven falta de esperanza ante un mundo hostil y cada vez más individualista.
Catorce años de diferencia. Un mundo abismal en cuanto a sociedad. Este giro, paulatino, silencioso hacia una cultura de la muerte, indica lo poco que nos importan los demás.
Necesitamos volver a tomar conciencia de que lo más importante es cuidar a los que nos rodean, pensar en ellos y aportar esa dignidad intrínseca en cada vida humana, desde su concepción hasta después de su último aliento. Por ello desde las esfera públicas habría que volver a hablar de esperanza, aportar medios y herramientas para que aquellas personas que están pensando en arrancar una vida de este mundo, ya sea la propia u otra, piensen en que no están solas, que tiene una red social en la que dejarse caer y que habrá personas ahí para ayudarles.
Asociaciones, fundaciones, organismos sociales existen y desarrollan una labor increíble, pero se les silencia, porque parece más fácil silenciar y eliminar por el camino más fácil y rápido el dolor, la enfermedad, el sufrimiento en este mundo wonderful. Aunque ese eliminar no sea la investigación, sino la erradicación más violenta.