Cartas al director
Dime que te falto
«Mira cómo están las guindillas, míralas, qué guindillitas, qué bonitas! Mira las cebollas. Esta roja es como mi cabeza». Sentado en la silla de esa sala con ventanas del Hospital, el hombre mira fijamente la pantalla del móvil, donde su hijo o nieto le muestra la explosión de frutos de sus campos. Cada vez más inclinado, el hombre propone un futuro, «cuando yo vaya, pondremos ahí mas guindilla y allí...» pero al otro lado, en el campo, la exaltación es ahora, sin esperas. Aparece en pantalla Aira, moviendo la cola para el hijo o nieto. El hombre la llama desde el teléfono, le dice bonita, preciosa, Airiña, y el niño acaricia a la perrita, ambos felices.
«No te oye». Añade «ya te he enseñado todo.» Y el padre- abuelo, vencido, reconoce que sí, que todo está perfecto y se despiden. El hombre suspira y se desliza hacia su habitación del Hospital, planta Interna. No ha conseguido entrar en el cuadro, solo asomarse y una nostalgia inmensa de verlo tan completo sin él. Esta noche soñará que el niño susurra «me faltas». Dime que te falto aunque lo tengas todo.