Cartas al director
Tiritas
En una cafetería del centro, dos amigas conversan. Les separan años, pero no cercanía.
–Se acabó, dice una. Sin discusiones, sin ruido. Simplemente dejó de haber amor.
La otra la observa con calma.
–¿Y qué buscas ahora, una solución?
Ella asiente.
–La solución la tienes tú, responde. Pero necesitas tiempo.
La más joven frunce el ceño, sin entender.
–Cuando te haces una herida, te pones una tirita, continúa la veterana. No la cura, pero la protege. Con el tiempo, la retiras. Esto es igual, solo que por dentro.
–¿Y cuánto tiempo hay que llevarla?
–El que necesites. Hasta cerrar una etapa y poder empezar otra.
–¿Y si me equivoco otra vez?
La amiga sonríe levemente.
–Equivocarse también forma parte del camino. Nadie tiene garantías. Lo importante es cómo sigues adelante.
Hace una pausa y añade:
–Hoy todo el mundo quiere certezas rápidas, también en lo emocional. Pero las heridas no van tan deprisa: casi todas necesitan, al menos, una tirita.
La joven asintió en silencio.