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Cartas al director

¿Qué más hace falta para reaccionar?

Ser un «reaccionario» tiene un perfil muy peyorativo. Al contrario que ser un «progresista». El primero es un ultraderechista, un facha, un fascista. Calificativos ya superados por la Historia. Es muy cierto que, no sólo en España, también en el resto de Europa, de la Unión Europea para más señas, a los partidos políticos más conservadores se les vuelve a etiquetar como la «ultraderecha». Su nacionalismo es criticado en un sentido negativo. Pero no es lo mismo que en el periodo de entreguerras. De ningún modo. No es una tercera vía entre el capitalismo liberal y el comunismo soviético. Es otra historia y con otras causas bien distintas.

El problema es que los ciudadanos estamos ya muy hartos. La escasez de viviendas disponibles por los precios abusivos, tanto en el mercado del alquiler como en el de la venta, los sueldos en niveles del salario mínimo interprofesional, la precariedad en los trabajos, la llegada de una emigración descontrolada, sin posibilidad de que los servicios públicos puedan hacer frente a un aumento exponencial de la población, son, entre otros, factores dramáticos que determinan un cambio radical en los votantes, especialmente en el sector de los más jóvenes, aquí y en cualquier otro país europeo. Es la cruda realidad. De ahí el resurgimiento del concepto de «prioridad nacional». Guste o no. Como liberal, no me agrada en absoluto, pero no puedo negar la situación de emergencia nacional.

Si a todo ello se le suma, en España, una cascada de repugnantes tramas de corrupción sistémicas que tienen como núcleo aglutinador la misma estructura de altas instancias del Gobierno y del socialismo gobernante, presuntamente, pero con indicios racionales muy importantes, pues la gravedad y la alarma social se incrementa. Y los ciudadanos que pagamos los impuestos, la inmensa mayoría social española, se resiente y reaccionamos. Volvemos a lo de «reaccionarios». Obviamente. La izquierda ya no es un referente moral para nadie, con excepción de los que viven de la propaganda marxista trasnochada, del populismo ultraizquierdista y de las subvenciones a costa del erario público. Y después comprobamos, en fotos, las joyas de la corona del socialismo en la persona de su, hasta ahora, principal referente moral de esa izquierda que nos gobierna. ¿Qué esperan? ¿Quieren que seamos ciegos, unos siervos de la gleba de ese falso progresismo de la miseria moral y económica? Pues va a ser que no. Habrá una reacción, y por causas justificadas, aunque nos tachen de «fachas» o como quieran llamarnos. Como se recoge en la Declaración de Independencia de las colonias norteamericanas:

«Cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, dirigida invariablemente al mismo objetivo, evidencia el designio de someter al pueblo a un despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar ese gobierno y proveer de nuevas salvaguardas para su futura seguridad.»

Julio José Elías Baturones

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