Cartas al director
¿Impuestos para estos?
Nadie lo quiere creer, pero «Hoy estamos mejor que ayer y mañana estaremos mejor», exultaba ZP en 2006, un día antes del atentado terrorista de la T-4. «Son accidentes», reincidió, pues «Otegi es un hombre de paz». En 2007 regurgitaba que «Estamos en la Champions League de la economía». «Lo de que hay crisis es opinable» y «La crisis es una falacia, puro catastrofismo», baladronaba en 2008. ZP ya vivía en el mundo etéreo de los brotes verdes. En 2009 alcanzó el estado de premonición: «La tierra no pertenece a nadie, salvo al viento». En 2011 inició la levitación: «El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca». Y ¡cáspitas!, no estaba loco, era videncia auténtica. ¿Qué mejor destino que el de contar cúmulos en el cielo, ajeno a las duras costaladas que sufrían los ciudadanos entrampados en los mugrientos lodazales de España, ese concepto «discutido y discutible»?
Hoy, tras su imputación por egoísmo y afanamiento, sabemos con certeza que despreció su deber de honesta gestión. Pero hubo más… Desde entonces, empleó su libertad con sueldo vitalicio de expresidente del Gobierno en algo sórdido, ruin e indecente. Y, juicio oral mediante, más que probablemente ilegal. ¿Y su alumno-sucesor? Las declaraciones en sendos juicios, la fontanería de cloaca, los nombramientos repetitivos de golfos y apandadores –¡sus tres presidentes de la SEPI imputados, los tres!–, son igualmente inculpatorias del One» y de todo su Consejo de Ministros. Ambos dedicados a aprobar «ayudas» contrarias al «interés general», pero jugosas para el particular. ¿Qué hace hoy aún cualquiera de los miembros del Gobierno sentado en su sillón ministerial o monclovita? ¿Qué remedo de decencia pública les queda? Ante este panorama, ¿qué hace P.S.? ¡Denuncia ante el Comité Federal del PSOE el atropello a los derechos fundamentales del referente ZP y de su familia! Oiga, presidente… ¿y nosotros, los ciudadanos, qué? ¿A dejarse atropellar, que es lo que toca?