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Cartas al director

La mano

«Es instrumento de los instrumentos». Que gran dialéctica. Anaxágoras «somos inteligentes porque usamos manos». Aristóteles «tenemos manos por ser inteligentes». Luego vinieron mas matizando. El que más lo hizo: «tocar y ser tocado es acto bidireccional que fundamenta el arte. También nuestra propia existencia». La escuela fenomenológica va por ahí.

Don Diego Gracia ya advierte en sus tratados hipocráticos Sobre el médico: «son de muchísimo valor».

«La mano de Dios». Estadio Azteca. Cuatro años antes se les fue una guerra en Las Malvinas. El árbitro de Túnez lo hizo histórico.

Estamos en Mundiales y el VAR seguro, casi, no va a permitir que eso vuelva. No están Brasil ni Estados Unidos. ¿Se atreverían con Argentina de nuevo? Dependerá de la mano del Dios verdadero. Aún así, entre Trump e Infantino algo de mano hay.

Muy bien. Las manos sirven para señalar rutas, hacer autostop (ya menos), quiromancia en sus valores intrínsecos y extrínsecos, mostrar la guía de Dios (pongamos en la Sixtina), dar indicaciones de cómo hacer, apretar para agradecer o reprochar, para pagar, para cobrar, para esposar y ahora que estamos, para liarla en el área del portero. Esto, lo del área de penalti, es la similitud más próxima a un hormiguero mojado en verano. No hay posibilidad de un orden y es garantía del afectado conspirando.

Sería edificante que el futbol sustituyera a las guerras: se enfrentan dos y eso dura cuando menos noventa minutos y cuanto mas ciento veinte, más tandas. Vidas alegradas, otras fastidiadas pero, y sobre todo, salvadas. Sin embargo, no está a salvo de efectos colaterales. Francia–Marruecos esta noche. De todo, bueno y malo, dentro y fuera de la cancha.

Para Kant las manos son «parte visible de la mente»; para Quintiliano «instumentum singulare inter gentium diversitatem».

Félix José Martín Gallardo

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