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Cartas al director

Odio el fútbol moderno

No seré yo quien se oponga a la victoria de la selección española de fútbol, ni diré que no me alegro. Al contrario: todo lo que tenga que ver con España me alegra (y me entristece), porque es mi país. Un gran país que, a pesar de sus gobernantes, tiene una dignidad muy grande.

Pero el partido de España contra Portugal me pareció aburridísimo en algunas de sus partes y eso me llevó a pensar en el fútbol moderno. Lejos están esos partidos a cara de perro, donde los centrales marcaban al hombre hasta dejarlo sin resuello; los delanteros no buscaban el balón, sino que esperaban a recibirlo y los jugadores eran tíos que te daba miedo verlos.

Ese fútbol ya no volverá, porque se ha convertido en un producto de consumo. Los jugadores son estrellas de cine y los presidentes, tan corruptos como los presidentes de las naciones. El aficionado es visto como una hucha del cual sacar todo el dinero y un partido se te hace más largo que un día sin pan.

¿No nos acordamos de los estadios embarrados? ¿Del cemento en las gradas? ¿De las medias por el tobillo y la espinillera al aire? El fútbol, entonces, eran veintidós tíos luchando por un balón. Era una guerra épica, donde se pensaba en ese niño que iba al cole el lunes y que podría ir con la cabeza bien alta si ganaban o agachando las orejas si perdían. Era un fútbol que mordía las entrañas.

Ahora solo produce somnolencia y hastío. Un calendario saturadísimo de partidos ya no te genera el ansia de que llegue el domingo y poner la radio o la televisión (de esto hablaremos otro día).

Odio el fútbol moderno.

Luis María Hourcade Bueno

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