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Cartas al director

Las cofradías, dique de contención

a su magisterio y al impacto social, que sin duda, generará con el tiempo.

No por ello debemos de dejar atrás y sobre todo destacar, la labor de evangelización que las hermandades y cofradías, que salpican toda nuestra geografía nacional, llevan a cabo entre sus miembros y por ende a buena parte de la sociedad que le son inherente.

La más que extendida secularizacion, el enorme impacto de una inmigración (ajena a nuestras costumbres culturales, religiosas, etc.), que resulta masiva y descontrolada, y por tanto, difícil de asimilar por cualquier sociedad receptora, más una exigua demografía, condicionada por tasas de natalidad alarmantes, y un contexto cultural que dan cobijo a la «cultura del descarte y de la muerte», crean un escenario de tal complejidad, en el que estas seculares corporaciones tienen el deber y la obligación de hacer suyo el valiente y esperanzador mensaje que su Santidad, nos ha dejado en diferentes discursos.

Los cofrades, debemos de empaparnos de las directrices, que emanan desde la autoridad moral de la Iglesia, para así presentar una férrea oposición a la batalla cultural, que desde sectores «progresistas», nos quieren imponer un credo de insoportables contradicciones.

De lo contrario, se produciría un vaciamiento o una flagrante contradicción, y una insoportable falta de credibilidad, entre lo que exteriorizamos en nuestras manifestaciones religiosas, en los ámbitos populares, y nuestras actitudes y decisiones de cara a la moral y a la vida cristiana.

Ángel Manuel Baquero

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