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Cartas al director

Lecciones de un viaje familiar

La visita del Papa León XIV a España ha dejado una huella profunda en nuestra tierra, ofreciendo innumerables muestras de aliento hacia la institución familiar. Pudimos contemplarlo no sólo en sus emotivos gestos, como las incontables bendiciones a bebés, sino especialmente en la firmeza de sus discursos en ciudades como Madrid y Barcelona.

El Pontífice nos ha recordado los pilares fundamentales que deberían resonar con fuerza en el corazón de nuestra sociedad:

–La defensa de la vida: El Papa remarcó con lucidez ante el Parlamento español que la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial, sino una meta de civilización, debiendo ser custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural.

–La familia como escuela: Definió al hogar como la primera escuela de humanidad y el fundamento natural de la comunidad, esencial para la estabilidad espiritual y social de las naciones.

–La libertad de educación: Se hizo un eco rotundo del derecho primario e inalienable de los padres a elegir el tipo de educación y formación para sus hijos, en coherencia con sus convicciones morales y religiosas.

–Valentía para el matrimonio: En su encuentro con los jóvenes, el Papa nos recordó que el matrimonio es una auténtica vocación y nos exhortó a no tener miedo de formar una familia.

De esta manera, el Papa ejerce precisamente como la cabeza de la familia más numerosa del mundo: la Iglesia y toda la familia humana. Su constante atención a los más débiles y su continua transmisión de alegría demuestran ese espíritu paternal que tanto necesitamos.

Las familias, y de manera muy particular aquellas con un mayor número de hijos, son la célula fundamental de la sociedad e iglesias domésticas. Son la cuna de los valores y de las virtudes que sostienen el tejido social. En un momento histórico marcado por el alarmante invierno demográfico, las familias numerosas dan un paso al frente no sólo para asegurar el porvenir, sino para poner el mejor capital humano a disposición de la sociedad.

Agradecemos profundamente al Santo Padre que haya venido a recordarnos que el amor familiar es el motor que cambia la historia. Por ello, emplazamos a nuestros gobernantes y administraciones públicas a apostar con valentía por la familia. Es imprescindible que se reactive la natalidad y se favorezca con medidas concretas a las familias numerosas, haciendo justicia a todo el valor y el relevo generacional que aportan generosamente a nuestra sociedad.

Pedro José Román Prieto

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