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Cartas al director

La prioridad nacional, un mal

Se es de donde se convive, independientemente de dónde se nace. La nación no es solo de quienes han nacido en un país, también es de quienes se han incorporado a este con la idea de vivir como los naturales, respetando sus leyes y obligaciones. Por ello, desde el principio, la imposición de la «prioridad nacional» para la atención de servicios públicos me parece una depravación moral, una agresión a la condición de la humanidad, incompatible por supuesto con la confesionalidad cristiana, con la justicia y el derecho cuando se trata de atender a quienes sin haber nacido en el país, viven en él y soportan las mismas obligaciones legales que los naturales.

Además, cuando nos referimos a una administración pública autónoma o municipal, la nacionalidad es una circunstancia que no encaja con la territorialidad y es más propio y ajustado exigir el arraigo en el territorio, con las correspondientes obligaciones legales para igualar a cuantos convivan en los límites de su competencia, excluyendo por supuesto la nacionalidad. Por otro lado, Vox ha impuesto al PP otra sandez en cuanto a los mena, los menores no acompañados que llegan con todas las razones humanitarias. Atendiendo a las leyes internacionales, es obligatoria su acogida.

Pablo Naranjo Ciudad

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