Cartas al director
Mariano y los franceses
De todos los presidentes del gobierno, Mariano Rajoy ha sido el que tiene más sentido del humor.
En su faceta de comentarista deportivo, ha dicho que la selección francesa es muy buena pero «sin franceses».
Desde Francia la ministra de Interior ha reaccionado afirmando que ese racismo «no da esperanzas a esos jóvenes que viven en los barrios y que son ciudadanos de la República».
Los inmigrantes que llegan a Francia, como ha sucedido en otros países europeos como Suecia o Alemania, quieren vivir en Europa, pero siguen considerándose de su país y suelen vivir en barrios agrupándose según su país de origen. El problema es que, aunque se les otorgue la nacionalidad, ni siquiera la segunda generación se sienten suecos o alemanes o franceses. ¿Hay que obligarles a que cambien de patria solo porque nuestros dirigentes han decidido que el Estado-nación ha muerto y que lo sustituye el Estado político? Si no quieren integrarse, ¿está obligado el país de recepción a tolerar sus costumbres, incluso contrarias a valores democráticos y europeos?
Abre el PSOE las puertas a convertir en español al que elija vivir, o votar, en España. Y Sánchez proclama que es de España «el que la ama y la trabaja».
Este tema es complicado. Si eres español y amas a España, eres un facha. Pero si llegas de otro país y decides conservar tus costumbres de aquel país de origen, eres español, pues has «elegido» quedarte aquí.
Ya he oído comentar que quizá merece la pena irse de España y volver en patera. Entonces el amor a España se presupone, por elección, en lugar de denostarse como sucede con el español de origen.
Mariano Rajoy, como siempre, señaló la evidencia y eso no le convierte en racista. Señaló lo que se comenta, pero no se dice.