Aplomo ante la tragedia
Ese aplomo que recomiendo a todo un pueblo, el de Cataluña, hoy llorando, gimiendo, zollipeando, perdiendo las chancletas por cualquier rincón de Cataluña, porque a Messi le han despedido de la empresa y lo han dejado en la calle con mujer y tres hijos
La elegancia y la vulgaridad se demuestran en los momentos difíciles. La vulgaridad es muy llorona. En el mundillo del artisteo español se derraman excesivos litros de lágrimas de cocodrilo. Los tanatorios, cuando muere algún famosillo, se llenan de periodistas y reporteros, y ahí aparecen otros famosillos que al recordar al muerto, aunque lo hayan aborrecido o envidiado durante su vida, lloriquean de falsa consternación.
Había fallecido en accidente de carretera el teniente general Gutiérrez Mellado. Asistí junto a Antonio Mingote a su funeral, que se celebró en Los Jerónimos de Madrid, todavía libre del espantajo de la ampliación del Museo del Prado, obra conjunta de Moneo y José María Aznar. Cumplido el funeral, descendíamos por las escaleras del templo, en pos de la calle de Felipe IV, cuando un reportero cardíaco acompañado de un colega con cámara nos detuvo. Y le preguntó a Mingote:
–¿Qué le ha parecido la muerte de Gutiérrez Mellado?
La respuesta del genio fue concisa, elegante, lógica, contundente y serena:
–Pues me ha parecido muy mal.
A pocos metros nos seguía una actriz de todas las salsas gimiendo. Y se quedó zollipando con la pareja de reporteros. Apenas conocía al general, pero oímos su inicial respuesta-llanto:
–Estoy desgarrada.
Y en momento tan triste, a Mingote y a mí, nos entró la risa.
Se trataba de una vulgaridad, una ordinariez de desgarramiento individual. Lo malo es cuando la vulgaridad es multitudinaria. Desde niño he sido anglófilo. A través de la Historia, los ingleses se han portado como unos pigs con España y los españoles, pero aportaron al mundo el concepto del confort, el buen gusto en el continente, la singularidad del cinismo y el dominio universal de la hipocresía y la ironía.
Lamenté profundamente la vulgaridad que imperó entre el público que salió a la calle a despedir a Diana de Gales. Jamás los ingleses se habían manifestado con tanta ordinariez. La elegancia en la pena se manifiesta con el silencio, no con los berridos. Convirtieron aquel desgraciado episodio en una rendición de la entereza británica. Lloraban como folclóricas españolas o italianas. Cuando un individuo pierde el sentido de la medida, el mundo no se siente erosionado en su vergüenza ajena. Cuando lo hace un pueblo entero, el ridículo es universal.
Escribí días atrás de la tragedia de Messi. Ha sido expulsado de su empresa y está en condiciones de solicitar un ERTE. Se trata de un drama familiar, porque está casado, tiene tres hijos, y de golpe y porrazo, se ha quedado sin sueldo. Conozco lo que se siente en esa situación y le envío desde aquí mi cariñoso apoyo. Pero el despido de Messi nos ha revelado una calamidad gigantesca sentida por todo un pueblo. He visto imágenes de hombres llorando desconsolados, y de mujeres alborotando sus cabellos mientras las lágrimas resbalaban por sus rostros como el caudal del Ebro.
Familias enteras destrozadas. Una multitud abatida. Cataluña entregada a la inseguridad del futuro. Y creo que mi deber, como compatriota de los millones de afligidos, es el de recomendarles algo más de aplomo ante la tragedia.
El mayor Douglas Hennessy comandaba al destacamento británico que fue derrotado en Ulundi por los zulúes. Fue uno de los pocos supervivientes. Combatieron trescientos soldados de Su Majestad Británica contra 50.000 zulúes. Y el mayor Hennessy dio un ejemplo de aplomo ante la tragedia. No huyó ni lloró. Se limitó a expresar con voz queda su sensación a su sargento, John Taylor, que disparaba a su lado.
«En momentos así, amigo Taylor, me arrepiento de no haber estudiado Medicina, como quería mi madre».
Eso es dignidad, coraje y aplomo.
Ese aplomo que recomiendo a todo un pueblo, el de Cataluña, hoy llorando, gimiendo, zollipeando, perdiendo las chancletas por cualquier rincón de Cataluña, porque a Messi le han despedido de la empresa y lo han dejado en la calle con mujer y tres hijos.
Fuerza, queridos compatriotas.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 10 de agosto de 2021