Pujol y el jamón de bellota
Conocía la Generalidad por haber acompañado a Don Juan de Borbón, que fue recibido por Tarradellas. De rodillas y en el centro de su despacho, besó la mano de Don Juan: «Recibo con orgullo y honor a mi señor natural, el Conde de Barcelona». Toma geroma pastillas de goma
Hubo un tiempo en el que ABC hizo un gran esfuerzo de expansión por Cataluña. Era presidente de Prensa Española Guillermo Luca de Tena, y el director de ABC, Luis María Anson. El delegado de ABC en Cataluña, el escritor y poeta Tomás Cuesta. Quizá preocupado por el éxito del proyecto, el presidente de la Generalidad de Cataluña, El Muy Honorable –ya trincaba pero no se sabía–, Jordi Pujol, invitó al palacio de San Jaime a los altos directivos de ABC y a dos colaboradores. Los colaboradores fuimos Antonio Mingote y yo.
Guillermo, su hija Catalina y Anson volaron a Barcelona en la víspera. Antonio y yo preferimos madrugar y viajar en uno de los primeros vuelos del Puente Aéreo. A las 12 estábamos citados en el Hotel Ritz, que ya no era el Ritz, con Guillermo, Luis María y Catalina. De ahí, en dos taxis nos dirigimos a la Generalidad.
Conocía la Generalidad por haber acompañado a Don Juan de Borbón, que fue recibido por Tarradellas. De rodillas y en el centro de su despacho, besó la mano de Don Juan: «Recibo con orgullo y honor a mi señor natural, el Conde de Barcelona». Toma geroma pastillas de goma.
No es un palacio acogedor. Muchos recovecos y poco gusto.
En aquella ocasión, los invitados esperamos en un salón la emocionante aparición de Pujol. Al fin apareció el inteligente mandatario.
Lo que más me impresionó de Pujol, en lo que al aspecto físico se refiere, fue la cantidad de pelos que le emergían de las orejas. Todo el pelo que le faltaba en la cabeza lo suplía con los matorrales de las orejas. A todo esto, debo añadir que Antonio Mingote tenía un agujero en el estómago y estaba agonizante de hambre. El desayuno en el vuelo no podía catalogarse de aceptable, y Antonio esperaba con ansia el aperitivo que nos ofrecería Pujol.
Nos endilgaron una copa de cava, que por bueno que sea es malo, y en unos cuencos muy monos distribuidos en una gran mesa, lucían encantadoras aceitunas y almendras. Nos sentamos en torno a la mesa. Pujol estaba escamado y quería conocer los planes de ABC en Cataluña.
Al fin, un mayordomo ingresó en la estancia llevando, con elegante desinterés, un gran plato de jamón. –¡Por fin, jamón!–, exclamó en medido susurro el gran Mingote.
Pero el jamón no era para los invitados. Lo sometieron y ubicaron al dominio de Pujol, y lonchita a lonchita, el Muy Honorable se zampó todo el jamón, más de Jabugo que de Lérida, por su aspecto brillante y entreverado. –¡Qué pedazo de cabrón!–, exclamó nuevamente en medido susurro el gran Mingote. Por lógica, aguardamos la aparición del mayordomo con otro plato de jamón, pero no se dio el caso. Al fin, ya sentados en la mesa del comedor, pudimos recobrar las energías con una sopa muy rara que nos entró como un cohete, y un solomillo con patatas al horno y alguna zanahoria. Pocas zanahorias, que aquel día se cotizaron con alto precio en el mercado. De postre, crema catalana. –Y sinceramente, Guillermo, ¿creen ustedes que su proyecto de ABC en Cataluña va a ser un éxito? Yo me alegraría, claro, no piensen mal, claro–.
Guillermo, Anson, y Catalina volarían de retorno a Madrid por la noche. Mingote y yo, en un coche puesto a nuestro servicio por la Generalidad, nos trasladamos al aeropuerto. Comentamos lo del jamón y los pelos en las orejas. El conductor, muy discreto, se rompía de risa silenciosa. Están ustedes, mis lectores, autorizados a no creer lo que termino de escribir. Pero mentir en estas minucias es una bobada.
Pujol se comió todo el jamón. Educación exquisita.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 7 de agosto de 2021