Cartas al director
Otra vez, balones fuera
De todo lo grave que está sucediendo en España, y en concreto en Ceuta, con la invasión de ya 50.000 magrebíes, ante la complacencia de Marruecos y con el Gobierno de España puesto de perfil, intentando minimizar y no dar la cara, lo peor, por mezquino, es la atribución, por este Gobierno que siempre elude responsabilidades, de la avalancha ilegal a una sentencia del Tribunal Supremo de 8 de julio.
Cierto que la sentencia argumenta en contra del más básico sentido común que siempre ha de inspirar la aplicación del Derecho. Exponer sin rubor que el mar no es una barrera física porque no hay muros o vallas y que por eso, porque no hay elementos de contención físicos, no se puede devolver en caliente, de forma inmediata, al ilegal que llega a España a nado, es un insulto a la razón y una vergüenza.
Pero que el Gobierno se sacuda su responsabilidad para endosársela al más Alto Tribunal de España es, de nuevo, tomar el pelo al pueblo español, a la vez que continuar atacando al Poder Judicial.
No ha sido una simple sentencia, no han sido las mafias, a las que el volumen de llegadas sobrepasa.
Como ya ha sucedido en pandemias, incendios, accidentes ferroviarios, volcanes, inundaciones y demás, la responsabilidad es del Gobierno de España.
Y si la dejadez en la prevención y en la reacción obedece a tratos con el invasor, la oposición, llamada a reaccionar como tal, debería dar un repaso a nuestra responsabilidad respecto a Europa, que ya nos cierra las puertas, y a una posible responsabilidad penal. Que una cosa es la connivencia con delincuentes nacionales y otra con países extranjeros.