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editorial

El abucheo a Sánchez

La protesta contra el presidente no es una anécdota, sino la confirmación de un malestar masivo por la mezcla de ineficacia y sectarismo de un Gobierno vencido

Act. 13 oct. 2022 - 11:08

El lamentable comportamiento de Pedro Sánchez ante el Rey, al que hizo esperar de manera incomprensible, y la casi unánime reacción de la ciudadanía en su presencia, con un abucheo estruendoso al presidente del Gobierno; componen una incontestable estampa de resumen de la deteriorada situación política de España.

Al respecto de lo primero, solo cabe lamentar que el jefe del Ejecutivo se retrase en un acto tan emblemático como el desfile militar de la Fiesta Nacional, lo haga por error o por utilizar de escudo a Felipe VI para no enfrentarse en solitario a la réplica de la calle.

Y sobre lo segundo, más allá de los insultos residuales ciertamente inaceptables, solo cabe entenderlo y respaldarlo: no es una minoría viajera la que silba a Sánchez en cualquier lugar de España, como si fuera una especie de grupo organizado itinerante, sino el común de los españoles cansado de las políticas del Gobierno, de la ausencia de rectificación y de los estragos que ello genera.

No es España quien abuchea a Sánchez; sino Sánchez quien hace sentirse abucheados a los españoles de manera sostenida e intensa. Lo hace cuando sostiene su propia Presidencia en una alianza nefanda con el populismo y el independentismo, pagando a cambio con indultos a condenados por sedición, traslados a casa de terroristas contumaces o leyes sectarias impuestas por formaciones contrarias al sistema.

Y lo hace, también, con una gestión económica extractiva que arruina a la España productiva para crear una España subsidiada con evidentes fines electorales: elevar la presión fiscal hasta extremos confiscatorios a las rentas del trabajo y a las empresas mientras, a la vez, se genera una sociedad clientelar y subvencionada; no solo acelera el deterioro económico del país, sino que además le resta esperanzas a un futuro inviable si no se asientan los valores del esfuerzo y la superación.

El contexto es parecido en toda Europa, asolada primero por una pandemia y luego por una guerra que en ambos casos eternizan una crisis terrible, pero solo en países como España la reacción popular es tan adversa al Gobierno.

Quizá la ciudadanía ha entendido que, por graves que sean los problemas de origen, Sánchez los ha agravado con su galopante incompetente; y ha creado otros inexistentes como ese frentismo político que intenta tapar el empobrecimiento incipiente con la resurrección de la España de los dos bandos.

A Sánchez no le abuchean por socialista, pues, como pretenden sus corifeos, sino por tóxico para la convivencia e incapaz para la supervivencia.

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