16 de agosto de 2022

en primera líneajosé luis sampedro escolar

El 7 de julio de 1822

Los guardias gritaban ¡Viva el Rey absoluto! y la Milicia respondía con Vivas a la Constitución jaleando sus disparos de fusilería y de artillería, pues se había instalado un cañón para impedir el acceso a la Plaza Mayor

Se cumplen doscientos años de un sangriento episodio protagonizado por grupos armados: los miembros de la Guardia Real de la Milicia Nacional, dependiente del municipio de Madrid.
El pronunciamiento de Riego en 1820 había restablecido la Constitución de Cádiz que Fernando VII juró diciendo: «Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional». Pero la senda constitucional estaba plagada de obstáculos por la división de los liberales entre moderados (Bardaji, el marqués de Santa Cruz, Martínez de la Rosa) y exaltados, cuyo activismo capitalizaban las Sociedades Patrióticas. Entre diciembre de 1821 y julio de 1822, el Rey trató de apoyarse en los primeros, pero no pudieron controlar los excesos, culminados con el asesinato de Matías de Vinuesa.
Ya el 6 de julio de 1822 el Ayuntamiento recibió un anónimo alertando de que la Guardia Real atacaría inmediatamente la sede consistorial y, por la tarde, sus tropas se acercaron a la Puerta de Hierro y, de madrugada, la Milicia, apostada en la Plaza Mayor, respondió al ataque con descarga de fusilería, mientras una compañía tomó posiciones en el Ayuntamiento.
En primera línea

Paula Andrade

Los guardias gritaban ¡Viva el Rey absoluto! y la Milicia respondía con Vivas a la Constitución jaleando sus disparos de fusilería y de artillería, pues se había instalado un cañón para impedir el acceso a la plaza. El capitán de artillería Antonio Ribera, que mandaba el cañón situado frente a la calle de la Amargura tomó una silla y se sentó a fumar al lado del cañón, y al dar la señal de fuego clamaba con tranquilidad y energía: «viva la Constitución, boten fuego».
Los sublevados se rindieron en la Casa de la Panadería, sede del Concejo, y el episodio se saldó con tres milicianos muertos y cuarenta heridos, mientras que la Guardia Real tuvo catorce muertos, no quedando constancia de sus heridos.
El triunfo del Siete de Julio fue celebrado eufóricamente por los liberales, atribuyéndose casi íntegramente a Evaristo San Miguel, conocido en las logias con el nombre de Patria, fundador del periódico El Espectador y de la sociedad Amantes del Orden Constitucional, en el café La Fontana de Oro. Su subida al poder, en agosto, no liquidó la resistencia absolutista. En 1823, la Santa Alianza intervino en España con los Cien Mil Hijos de San Luis, que tuvieron apoyo de numerosos españoles en su ocupación, en la que intervinieron franceses que habían servido, paradójicamente, bajo las banderas napoleónicas. Los liberales se retiraron a Cádiz, pero, el 31 de agosto, se rindieron a los invasores devolviendo el poder al monarca y, aunque Fernando decretó un olvido general, completo y absoluto de todo lo pasado, sin excepción alguna, comenzó una dura represión que ejemplifica la muerte de Riego, ahorcado en noviembre de 1823, manteniéndose como Monarca absoluto hasta fallecer en 1833, dando paso a la Regencia en nombre de Isabel II, mientras comenzaba la I guerra carlista, durante la cual San Miguel, regresó a España, combatiendo con las fuerzas liberales, ocupó altos cargos, recibió la Grandeza de España y falleció en Madrid, en 1862. Reposa en el Cementerio de la Florida, junto a los patriotas asesinados por los franceses en 1808.
La Milicia Nacional cobró gran importancia en la vida política decimonónica. Hoy conserva su recuerdo la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos (SFMNV), que desde 1839 dio ayuda en la enfermedad y en las exequias a aquellos hombres de agitada vida y, en muchas ocasiones, triste muerte.
Aparte de Evaristo San Miguel, la sociedad tuvo presidentes como Palafox, Espartero, Madoz, Fernando Primo de Rivera, José López Domínguez, Agustín Luque y Fernando Suárez de Tangil y ha sobrevivido precariamente, pero, extinguida su función de subvenir necesidades de milicianos, mantiene su memoria, estudia su papel en la Historia y, cada 7 de julio, les rinde sencillo homenaje: en la calle Siete de Julio, bajo el lema Fidelidad a la Constitución, tras unas palabras de recuerdo, se ofrenda una corona de laurel; colabora el Ayuntamiento madrileño, con la Guardia Municipal de gala y se reparte al público un folleto explicativo. No es ocasión para formular condenas o absoluciones retroactivas que nadie tiene legitimidad para impartir, sino para reflexionar sobre las circunstancias que vivimos.
La SFMNV no está anclada en hechos de hace dos siglos, sino que defiende los principios de los textos constitucionales para la convivencia: el respeto al Estado de Derecho, la expresión de las ideas legítimas y la garantía a las minorías respetuosas con el ordenamiento consensuado. En 2022 no es necesario hacer frente con las armas a los enemigos de las libertades, pero es inexcusable actuar con argumentos legítimos ante quienes incumplen las leyes en las instituciones, a quienes retuercen la aplicación de las normas y a quienes mienten en sus planteamientos y practican o permiten la corrupción. Los representantes políticos del siglo XXI han de trabajar para conseguir un futuro de esperanza y respeto general, con libertades públicas garantizadas y bienestar social, y nada de ello se consigue haciendo apología de enfrentamientos pasados, destruyendo monumentos ni removiendo cadáveres de personajes que, como Fernando VII, pertenecen a la Historia.
Al contrario que en 1822, tenemos un Rey identificado con los principios constitucionales. Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, las administraciones públicas, la milicia y las fuerzas de orden público, los sindicatos, las confesiones religiosas, la cultura y los medios de comunicación, la economía, la banca, el deporte y todas las facetas sociales están obligadas, como toda la ciudadanía, a respetar las leyes, sin que ello suponga renunciar a modificar el ordenamiento en lo que resultare necesario usando los cauces previstos para ello y no por el mero desacato.
Galdós recuerda que se gritaba ¡Viva la Milicia Nacional! Cuando de la Milicia no queda más que el recuerdo, invitamos a repetir: ¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey! ¡Viva España!
  • José Luis Sampedro Escolar es presidente de la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos
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