07 de febrero de 2023

En primera líneaEmilio Contreras

El sello del PC

El mayor éxito electoral en toda su historia lo tuvo el Partido Comunista en las elecciones de 1979 en las que consiguió 23 diputados. A partir de su fracaso en las de 1982 fue dando tumbos hasta que en 1988 se diluyó en Izquierda Unida. Y esta irrelevancia es la que ahora el Gobierno pretende conmemorar

La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre ha emitido un sello para conmemorar el centenario de la fundación del Partido Comunista de España. Es habitual que lo haga para conmemorar efemérides o hechos relevantes que merezcan ese reconocimiento singular. ¿Pero qué relevancia histórica o política ha encontrado este organismo dependiente del Ministerio de Hacienda para lanzar el sello? ¿Considera tan ejemplar la trayectoria del PCE y su arraigo popular tan hondo como para que se le haga este reconocimiento público?¿Tan mayoritario ha sido el apoyo que los españoles le han dado a lo largo de estos cien años? No es eso lo que nos dice la historia.
¿Qué ocurrió en España hace ahora cien años? Pues algo tan sencillo como que tres dirigentes del PSOE decidieron abandonarlo y fundar el Partido Comunista. En 1919 Lenin había creado la Tercera Internacional con la que intentó someter bajo su liderazgo a todos los partidos marxistas para imponerles su estrategia: dictadura del proletariado y eliminación física de la burguesía.
Y aquí chocó con los partidos socialistas europeos que se negaron a aceptar esta imposición. Entre ellos el PSOE, liderado por Pablo Iglesias, que aspiraba a hacer compatible libertad e igualdad. Aunque hasta 1979 el PSOE vivió un enfrentamiento interno entre lo que Santos Juliá llamó las 'dos almas' del socialismo, porque la tentación revolucionaria planeó sobre él durante años, muy especialmente en la II República y la Guerra Civil, en ocasiones con resultados dramáticos.
La escisión que protagonizaron Antonio García Quejido, Manuel Núñez Arenas y Daniel Anguiano, al fundar el PCE tuvo como causa única la asunción de las tesis de Lenin, que los socialistas españoles habían rechazado en el congreso extraordinario de 1920. Eso es lo que ahora conmemora el Gobierno español, dirigido por el secretario general del Partido Socialista.
¿Cuál ha sido el arraigo del PCE en la sociedad española a lo largo de cien años? La respuesta la dan los resultados electorales desde que por primera vez se presentó a unas elecciones en junio de 1931, tras la proclamación de la II República. Entonces no obtuvo ni un solo escaño, y el PSOE logró 115. Dos años más tarde, en noviembre de 1933, hubo de nuevo elecciones en las que el PCE consiguió un diputado y el PSOE 58. En los comicios de febrero de 1936 –los últimos antes del comienzo de la Guerra Civil– el PSOE obtuvo 88 escaños y el PCE 15.
Ilustración: avioncito papel comunista

Lu Tolstova

Cuatro décadas después, en junio de 1977, el PSOE consiguió 118 escaños y el PCE 20. En las de 1979 los socialistas lograron 121 diputados y los comunistas 23. La debacle llegó tres años más tarde cuando, tras renunciar al marxismo en septiembre de 1979, el PSOE arrolló con 202 diputados y los comunistas se hundieron hasta los cuatro escaños. Tras esta derrota, decenas de dirigentes comunistas salieron en estampida y buscaron refugio en el PSOE, que los recibió con los brazos abiertos, les dio el abrazo del oso y altos cargos en el Gobierno y en el Parlamento. A partir de entonces, el PCE fue dando tumbos hasta que en 1988 se diluyó en la coalición Izquierda Unida y desapareció del horizonte político de nuestro país.
Este es el balance que demuestra con números la irrelevancia del apoyo del pueblo español al Partido Comunista de España desde hace 91 años, que el Gobierno pretende ahora conmemorar.
Nunca los españoles le han dado la mayoría para poder gobernar. Únicamente en los tres años de la Guerra Civil el PCE tuvo responsabilidad de Gobierno, pero no por el apoyo electoral que le hubieran concedido los españoles –hemos visto que solo 15 diputados en un parlamento de 450– sino porque la Rusia de Stalin fue el único país que vendió armas a la República y envió asesores y comisarios políticos. Ese apoyo encumbró al PCE y le hizo tener responsabilidades de gobierno que no se correspondían con su apoyo electoral.
En los años de la Transición aceptó la democracia y contribuyó, especialmente en el primer año, a que aquello saliera bien. Y eso es algo que está en su haber. El PCE aceptó la bandera bicolor, la Monarquía y en sus estatutos hizo suyos los principios democráticos. Pero lo que no es conocido es que tras conseguir su legalización el 9 de abril de 1977 con esos estatutos, el Partido Comunista los reformó un año después en su IX Congreso. El artículo segundo decía: «El Partido Comunista se basa en el marxismo revolucionario. Aprende críticamente en las experiencias del proceso revolucionario que inauguró la Revolución de Octubre dirigida por Lenin, y del movimiento obrero y de liberación». Estas modificaciones fueron confirmadas ante notario el 13 de junio de 1979 por los dirigentes comunistas Santiago Carrillo, Jaime Ballesteros y Francisco Romero Marín. La fuente de esta información es un alto funcionario de los servicios de inteligencia de entonces que guarda una copia de estos documentos.
Y esta trayectoria que arrancó en 1921 es lo que ahora el Gobierno pretende homenajear con la emisión de un sello, para que cada vez que un ciudadano tenga que franquear una carta recuerde estos cien años del PCE como si se tratara de una efemérides que la democracia española tuviera que celebrar.
Afortunadamente, los españoles ya no escriben cartas. Prefieren internet.
  • Emilio Contreras es periodista
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