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23 de julio de 2024

En primera líneaJesús Fernández-Miranda

Deslealtad

Si los catalanes demostraron su deslealtad desde tiempos de la «Monarquía Hispánica» de los Austrias, como acredita la carta de Olivares, los vascos, siempre leales a Castilla a través de los Señoríos de Vizcaya y Álava, comenzaron a pecar de deslealtad a partir del siglo XIX muy especialmente tras las Guerras Carlistas

Actualizada 09:29

El 3 de octubre de 2017, SM El Rey Felipe VI, con ocasión de los acontecimientos en Cataluña del 1 de octubre, dirigió un Mensaje a la Nación en el que dijo: «Las autoridades de la Generalidad de Cataluña, con sus decisiones, han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado».

Según el DRAE la lealtad es el comportamiento conforme a lo que se ha venido en llamar hombría de bien, es decir, probidad y honradez.

En su obra La velada en Benicarló, de 1937, Azaña dice: «Un instinto de rapacidad egoísta se ha sublevado, agarrando lo que tenía a mano (...) en el fondo, provincianismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en algunos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme (...) mientras dicen privadamente que las cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en exaltar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose a una separación de hecho».

Y en sus memorias afirma: «Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas –el comportamiento de los nacionalistas vascos y catalanes– me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar a España, prefiero a Franco».

Felipe VI

Lu Tolstova

Y es precisamente esa deslealtad hacia España lo que ha presidido el espíritu y las ambiciones de las oligarquías catalana y vasca a lo largo de los últimos siglos, con un afán puramente egoísta, antiespañol y centrado en el exclusivo deseo de defender sus privilegios, con permanente engaño hacia su pueblo.

Y así, fue deslealtad su reconocimiento de vasallaje al Rey de Francia en 1640, momento en el que el Conde Duque de Olivares dijera, en carta al Virrey Santa Coloma: «Cataluña es una provincia que no hay rey en el mundo que tenga otra igual a ella... Si la acometen los enemigos, la tiene que defender su Rey sin hacer ellos la parte que les corresponde, ni exponer su gente a los peligros. Ha de traerse el ejército de fuera, se le ha de sustentar, se han de recobrar las plazas que se perdieren, y este ejército, ni echado el enemigo ni antes de echarle, ni lo sustenta ni lo aloja la provincia... Y siempre andan con que si la constitución dijo esto o aquello, y el usatje se trata como suprema ley con el fin único de la propia conservación de la provincia.»

Y deslealtad fue la proclamación de la República de Catalunya por Companys, y su proclama de 6 de octubre de 1934, tras la victoria electoral de las Derechas en las elecciones generales de ese año:

«Las fuerzas monárquicas y fascistas, que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder».

Hoy, el enemigo fascista a derrocar es la derecha «españolista» especialmente Vox, frente a la que la izquierda, y los nacionalistas, quieren imponer un «cordón sanitario» totalitario.

Y así, deslealtad es el anuncio de querer someter al Gobierno de la Nación que pueda salir del Parlamento, a un referéndum secesionista para Cataluña, y a una inconstitucional amnistía para todos los golpistas catalanes.

Pero si los catalanes demostraron su deslealtad desde tiempos de la «Monarquía Hispánica» de los Austrias, como acredita la carta de Olivares, los vascos, siempre leales a Castilla a través de los Señoríos de Vizcaya y Álava, comenzaron a pecar de deslealtad a partir del siglo XIX muy especialmente tras las Guerras Carlistas.

El PNV, fundado por el fascista Sabino Arana, ultracatólico, ultraconservador, racista y machista, dice hoy ―en palabras de Aitor Esteban― que no apoyará un Gobierno del PP mientras eso implique «convivir con los fascistas de Vox», olvidando el famoso «Pacto de Santoña» cuya historia y ejemplo de deslealtad y «pacto con los fascistas» paso a relatar.

Durante la guerra civil en Vizcaya las tropas republicanas estaban compuestas, en gran parte, por el Eusko Gudarostea, I Cuerpo de Ejército de Euzkadi, que solo obedecía al PNV.

El 19 de junio de 1937 la 5ª Brigada Navarra entró en Bilbao; la guerra en el País Vasco había terminado.

Los dirigentes del PNV se trasladaron a Santander con intención de huir ante la inminente caída de las vascongadas ante el ejército Nacional, y la certeza de que, en el caso hipotético de resistir frente a los nacionales, el Ejército Popular de la República no entregaría la suerte de los vascos a un gobierno ultraderechista como era el del PNV por muy supuestamente amigos que hubiesen sido durante la guerra.

El 24 de agosto de 1937 el PNV llegó a un acuerdo con los italianos, el «Pacto de Santoña», localidad santanderina en que se fueron concentrando, por orden del PNV, las tropas dependientes de ellos para intentar huir por mar gracias al acuerdo con los italianos, a espaldas del gobierno de la República y del Cuartel General Nacional, por el que el Eusko Gudarostea se rendiría, entregando sus armas a los italianos, a cambio de que respetasen la vida de sus soldados y fueran considerados prisioneros de guerra bajo la soberanía italiana, permitiendo evacuar a los dirigentes políticos del PNV, funcionarios vascos y a los oficiales que lo deseasen por mar.

El general Dávila ordenó, por decisión directa de Franco, la inmediata suspensión de la operación y el desembarco de todas las personas embarcadas en buques ingleses para su huida, aunque los dirigentes del PNV huyeron a Francia y terminaron en Barcelona creando un esperpéntico «Gobierno Vasco en el Exilio».

El «Pacto de Santoña» siempre ha sido justificado por el PNV, partido que, por lo que demuestra su historia, nunca será un aliado fiable para nadie.

Así, en una nueva demostración de deslealtad, el PNV juega hoy a pactar nuevamente con el sanchismo social comunista, con el solo deseo de proteger los privilegios de la oligarquía burguesa vasca, por lo que conviene recordar los hechos relatados.

Y concluyo con unas palabras de Stefan Zweig:

«Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis …. y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea».

  • Jesús Fernández-Miranda y Lozana es abogado
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