David Pérez Carracedo, de 43 años, barcelonés, padre de dos hijos; y Miguel Ángel González Gómez, gaditano de 39 años, padre de un hijo, han sido asesinados, arrollados por una narcolancha en el puerto de Barbate (Cádiz). Solo unas horas antes, el ministro del Interior había estado en Algeciras haciendo propaganda y alardeando del «éxito» de la lucha contra los narcos en el Campo de Gibraltar gracias al Gobierno. Marlaska no sabía que estábamos a las puertas de que sucediese el espantoso crimen, cierto; pero aun así la prudencia no acompañó a sus palabras. Los guardias civiles llevan dos años quejándose de la creciente audacia y medios de los criminales. Una narcolancha corre 40 km/h más rápido que las embarcaciones policiales, que son además más endebles. Pero no se ha dotado con los medios necesarios a quienes nos protegen. Las asociaciones de policías y guardias civiles claman por la dimisión de Marlaska. No la verán. Nadie se aferra a su cargo como este ministro achicharrado, que ha sido ya avergonzado por resoluciones judiciales y sorprendido en varias mentiras flagrantes. La memoria de David y Miguel Ángel no se merece a ese ministro. Los españoles, tampoco.
Igor Gómez Maneiro
El presentador del Telediario del fin de semana de La 1 de TVE, el donostiarra Igor Gómez, se refirió ayer por dos veces al asesinato de dos guardias civiles en el puerto de Barbate como «el incidente». No son casuales este tipo de desagradables eufemismos en una TVE al servicio del Gobierno, donde en los informativos impera una máxima sobre todas las demás: ayudar a Pedro Sánchez.
Pepe Álvarez
Los problemas de los agricultores españoles nada preocupan a los líderes sindicales de UGT y Comisiones. En lugar de secundar al campo en sus razonables quejas, Pepe Álvarez y Unai Sordo estaban ayer en Valladolid en una manifestación… pero contra los supuestos recortes de PP y Vox en Castilla y León. Este sectarismo extremo explica tal vez el acusado descrédito de ambas centrales. Mientras tanto, Valladolid era sometida a un asombroso blindaje policial por parte de Marlaska, a fin de evitar que la protesta agraria pudiese perturbar la fiesta del sector del cine, muy reivindicativo, pero solo contra la derecha.