13 de agosto de 2022

tribunaGustavo Morales

Pensar diferente

La resolución de los problemas requiere rigor y, por qué no, una cierta originalidad

Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química, contaba:
«Hace tiempo, un colega iba a suspender a un estudiante por su respuesta a este problema de Física: 'Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro'.
El estudiante había escrito: 'Lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio'. Pregunté al estudiante si tenía otra respuesta. Contestó: 'Lance el barómetro desde la azotea del edificio. Calcule el tiempo de caída. Después, aplique la fórmula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio'. Dio más respuestas a la pregunta. 'Coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una proporción, obtendremos también la altura del edificio. Hay muchas más respuestas posibles. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro, golpear con él la puerta de la casa del conserje y, cuando abra, decirle: 'Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo'.
En ese momento, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema, me dijo que esa la conocía todo el mundo».
El estudiante era el físico danés Niels Bohr, que será premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban.
La misión de la Universidad no es memorizar contenidos principalmente sino enseñar a pensar. Y pensar es pensar diferente porque, aunque decía Eugenio D’Ors que todo lo que no es tradición es plagio, los problemas pueden enfocarse desde puntos de vista diversos y diversas son también las soluciones. Pero no todas son válidas. Arnold J. Toynbee escribía en su Filosofía de la Historia que la forma que tiene una civilización de resolver un reto –si no lo resuelve se viene abajo como civilización– también puede hacer que se vea incapaz de resolver el siguiente. Es como si un saltador de vallas salta demasiado y se estrella contra la siguiente o no tiene espacio suficiente para dar un nuevo salto. Pensar diferente es atreverse a derrotar al fracaso, decía Steve Jobs.
Un psicólogo de Oxford, Edward de Bono, quiso aportar otra manera de solucionar problemas y superar retos: el pensamiento lateral, que no sólo sigue la línea recta del pensamiento lógico habitual y huye de los silogismos tan queridos por nuestros ancestros griegos. La importancia del pensamiento lateral ha adquirido un peso relevante en el campo de la psicología social e individual. Se valora en especial el hecho de que las personas logremos ser originales en nuestros razonamientos, alejándonos de lo ordinario o lo esperable.
La resolución de los problemas requiere rigor y, por qué no, una cierta originalidad. Fue la respuesta de Bohr con el barómetro, pero no hubiera ganado el premio Nobel si su trayectoria posterior hubiese carecido de rigor y de capacidad para encontrar y resolver uno de los misterios de la Física.
La máquina de vapor, la producción en cadena, la imprenta, la saturación de fuego, la bombilla, la electricidad, la palanca, la televisión, el teléfono y otras muchas aportaciones han surgido de ese pensamiento diferente.
  • Gustavo Morales es director del Club de Periodismo del CEU
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