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TribunaMiguel Boronat Roda

A Dios y al César

Si nadie defiende nuestros principios ahí donde deben ser defendidos, muchos pensarán que no existen

Act. 03 nov. 2025 - 10:58

Desde los 18 años, tengo 51, trato de ir a Misa todos los días y en este mismo tiempo he militado en 2 partidos políticos. Se puede decir que me importa mucho mi fe y a la vez el destino de mi patria.

Huelga decir que con lo que dijo mi Dios con el «dar al César lo que es del César» me queda claro que no conviene mezclar política y religión.

Pero hay por otra parte una realidad a tener en cuenta, y es que el cristiano debe ser cristiano cuando va a misa, pero también cuando trabaja, cuando viaja, cuando come con sus amigos, cuando juega al fútbol o cuando va al mercado, y por supuesto también cuando vota y cuando participa en política. Y se espera en esos casos que éste actúe de manera coherente con aquello en lo que cree, con sus principios morales.

Entre los cristianos de hoy conozco básicamente dos tendencias o modos de actuar a la hora de votar. Están los que no quieren traicionar sus principios morales y por ello votan al partido que a su entender defiende la mayor parte de ellos, y también están los que votan a opciones que aunque rechazan una parte importante de esos principios pueden representar a una más amplia mayoría y con más posibilidades de gobierno. Podemos decir que unos votantes son más firmes y otros más flexibles a la hora de apostar por esa defensa de principios a cambio de encontrar más consenso.

Estas diferentes actitudes las podemos ver también en la Iglesia y entre cristianos respecto de otras cuestiones como por ejemplo la Agenda 2030, unos la rechazan por degradar valores importantes como la misma defensa de la vida, la familia o la propia religión, y otros, apoyándose en otras muchas cosas buenas que muestra esa agenda, la aplauden porque la ven como un ejemplo de consenso con el mundo, también con quienes defienden conceptos radicalmente diferentes y opuestos al cristianismo.

Este fenómeno se produce también a niveles eclesiásticos y episcopales, a unos obispos los llaman conservadores y a otros progresistas y se refieren a lo mismo creo yo.

Dicho esto les daré mi opinión como cristiano y como ciudadano en el ejercicio de sus derechos.

En política elegimos a nuestros representantes para que nos representen defendiendo nuestras ideas y principios. Cuando yo voto por un partido le estoy diciendo a sus diputados que sean mi voz en la cámara, y esta debe ser el reflejo de la ciudadanía, donde todos debemos vernos representados. Si no voto a la opción que mayormente me representa y voto a otro partido, estoy desequilibrando la balanza en el Parlamento, que es donde se hacen las leyes. Digamos que estoy prestando a otros mi derecho para que legislen como ellos quieren.

A la hora de votar, uno debe valorar lo que cada partido lleva en su programa y lo cumplido o incumplido de lo incluido en el mismo en el pasado.

No debemos votar solo por simpatía, ni por inercia histórica, ni por miedo y ni por que lo haga una mayoría.

Pienso que estamos en un momento histórico, muy diferente a otros periodos anteriores y de tremenda amenaza de nuestros valores. Y si en el pasado han muerto miles de mártires por coherencia con su fe, qué menos que actuar con coherencia a la hora de ejercer un derecho como el del voto. No nos olvidemos que si nadie defiende nuestros principios ahí donde deben ser defendidos, muchos pensarán que no existen, como cuando hasta hace pocos años no había ningún partido político en España que defendiera la vida del no nacido, cualquiera podría pensar que España estaba toda a favor del aborto, y créanme no es ni mucho menos así. Si en el supermercado no hay oferta de mantequilla el cajero podrá decir que la gente solo toma margarina.

Miguel Boronat es empresario-consultor-inversor

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