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27 de mayo de 2024

tribunaAntonio Bascones

No tenemos remedio. No aprendemos

El parlamento en lugar de ser un Ateneo donde se exponen los argumentos de una manera inteligente y prudente, parece, más bien, un gallinero donde todos gritan, nadie se entiende y lo que es peor, nadie comunica con la mesura y agudeza de juicio sus razonamientos

Actualizada 09:56

El país asiste enmudecido al espectáculo político que se representa en diferentes autonomías en sesión continua con cada líder dando su opinión a cuál más pintoresca y extravagante. Todo ello gira alrededor de ideología, entendida por las ideas que caracterizan a la persona que, llevadas a su grado más extremo, hacen que este individuo no tenga una capacidad razonable de actuación ante la toma de decisiones. Es un deporte que ejercen a derecha e izquierda aquellos en los que, la razón y la inteligencia, no les deja ver los problemas en su auténtica dimensión.
Cuando hace unos días leíamos que el objetivo final era acabar con este caos político e ideológico y lo creíamos a pies juntillas, resulta que, los datos a los que estamos asistiendo, nos indican que la prioridad no era aquella, sino la de tomar posiciones y poder ante el partido contrario, porque de enemigos se trata, y no de simples aliados, en una causa común. Estamos en una representación que, más bien parece circense que un prudente debate sobre los problemas del país. No se trata de argumentar, presentar las ideas y tratar de poner solución a los problemas de la sociedad civil. La prudencia, mesura e inteligencia son virtudes ayunas en nuestros políticos que se enfrentan en el circo romano como gladiadores, tratando de demostrar su fuerza cuando no su bravura más que, buscando solución a nuestros problemas.
Cuando en la mesa se ponen temas colaterales y ninguno habla de educación, cultura, trabajo, esfuerzo, honorabilidad, respeto etc. valores que no son bandera principal del programa de los partidos y si acaso, de manera secundaria, aparecen en las últimas líneas del programa con letra pequeña, y que nadie lee y defiende, pero eso sí, la ideología, ante todo. Se nos llena la boca defendiendo temas que están tan claros que no merecen discutirse y, sin embargo, dejamos otros aspectos sin aclarar. El pueblo está harto de nimiedades, estulticias y conceptos baldíos que no conducen a nada. La sociedad no aguanta más tonterías, expresiones y frases donde la inteligencia no existe. Hemos llegado a un punto de hartazgo que puede ser peligroso, pues puede conducir a la desgana, indolencia y apatía, dejando que nos conduzcan la vida por donde quieren los políticos y no por donde queremos las personas. El lenguaje inclusivo que, utilizan nuestros próceres lo dice todo: es una vergüenza oírles hablar y buscar cualquier excusa para desviar la atención de lo principal. Este verano hemos tenido amplias pruebas de lo antedicho.
El parlamento en lugar de ser un Ateneo donde se exponen los argumentos de una manera inteligente y prudente, parece, más bien, un gallinero donde todos gritan, nadie se entiende y lo que es peor, nadie comunica con la mesura y agudeza de juicio sus razonamientos. Quizás, lo de nadie es un poco exagerado, sería mejor decir que una buena parte del hemiciclo si está huérfano de talento, la otra parte sorda a los juicios y muchos obedientes al jefe de la manada. Los parlamentarios no votan lo que piensan, acatan órdenes y tiene que ser así si quieren prosperar en la vida política.
Y ahora, para acabar de liarlo todo, el desencuentro se realiza a altos niveles. Pedro Sánchez no reconoce que el que ha ganado las elecciones es Feijoo y prefiere pactar con independentistas y grupos que odian España antes que con grupos que defienden la Constitución. Ver para creer.
Así están las cosas, a pocos días de una más que probable repetición de elecciones generales en un país en el que pueden cambiar las cosas de manera diametralmente opuesta. Y nosotros discutiendo si son galgos o podencos, un tema fundamental para la vida de las gentes.
En esta disputa/ llegando los perros,/ pillan descuidados a mis dos conejos./ Los que por cuestiones/ de poco momento/ dejan lo que importa,/ llévense este ejemplo.
Y la vida sigue igual: no aprendemos. Tropezamos sistemáticamente en la misma piedra, no una, muchas veces que es peor. ¡Qué siga la fiesta! Una de gambas y unas cervezas.
Esperemos que finalmente se imponga la cordura, pero de momento estamos sobrecogidos por la incertidumbre de un futuro en nebulosa en el que, las voces más entendidas amenazan a España como un barco en deriva, sin rumbo, sin mando y con muchos timoneles que dan órdenes imprecisas cuando no contradictorias y equivocadas.
  • Antonio Bascones es presidente de la Real Academia de Doctores de España
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