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17 de abril de 2024

TribunaEl Conde de Teba

Un caballero español en la corte del Rey Carlos III

Somos gentes de campo. Legión de caballeros sobre caballos, orgullosamente envueltos en nuestros andrajos de historia menoscabada, asfixiados por burocracias y miserias de gobiernos y desgobiernos. Defendemos a capa y espada nuestras tradiciones rurales. O más bien a caballo y trompeta.

Actualizada 01:30

Llovía y llovía. Como se espera en la metrópoli, la capital de Europa in pectore. Al llegar siempre tengo sentimientos encontrados. Nuestro peor enemigo como pueblo. Y nuestros mejores amigos como individuos. Gente de inquebrantable fidelidad y sagrada palabra. Una vez eres amigo de un inglés lo eres para siempre. La metrópoli es una continua muchedumbre multirracial y multicolor. Aderezada con excentricidad y originalidad. Son los mejores comerciantes y en los escaparates de sus tiendas se refleja su arte.
Envidio que en su diversidad responden como uno solo. Construyeron la leyenda de un inexistente glorioso pasado, inventado tras la caída de Napoleón. Se derrumban en la ostentación. Los edificios grandiosos. Casi todos del XIX. Las rejas doradas. Los porteros uniformados. Los Rolls. La profusión de cochazos deportivos que no pueden circular a más de 20 mph. La elegancia y el refinamiento. Como español, hijo de este nuestro pueblo que gobernó tantos siglos el orbe miro con cierta condescendencia estos ritos de exaltación de su historia. Todo tan lejos de nuestra secular adusta estética moral hispana, donde lo correcto es la discreción, para no caer en el pecado de la vanidad. Tal vez en ese viaje fuimos demasiado lejos y nos olvidamos demasiado de nuestras glorias, encontrándonos hoy extraviados en un mundo vacío.
En el viejo club inglés, todos traemos un aire de suficiencia desubicada. Somos gentes de campo. Legión de caballeros sobre caballos, orgullosamente envueltos en nuestros andrajos de historia menoscabada, asfixiados por burocracias y miserias de gobiernos y desgobiernos. Defendemos a capa y espada nuestras tradiciones rurales. O más bien a caballo y trompeta.
Premian por su trayectoria a un caballero español. A Ramiro, el duque de Maura. A quien he venido a aplaudir. A mi amigo, a mi compañero, a mi alter ego en tantas y tantas batallas… El reconocimiento ha sido por defender la caza a caballo. Ya nos dieron en 2019 el premio «Jardines del Campo» a las tradiciones. Y cierto reconocimiento en la prensa.
El caballo antaño omnipresente está siendo relegado de su papel preponderante en la caza. Ramiro ha recuperado usos y costumbres de la montería que la modernidad había arrinconado, devolviéndole el protagonismo. Junto a sus perros. Han sido quince años entrenando disciplinadamente. Dándoles de comer personalmente todos los días, casi siempre desde el caballo, y sacándolos al campo constantemente. Viajando por todo el mundo donde se caza a caballo. A Portugal con el Equipagem de San Huberto. A África. A la Patagonia. En Francia es miembro del Equipage de Bourgogne en la Chasse a courre. A Inglaterra con el Bicester and Waddon Chase Hunt o el North Cotswolds Hunt. A Irlanda… Lady Sitwell en una preciosa dedicatoria le definió como «salvador de las tradiciones»
Sus sabuesos pointevinos, que trajo de Francia en coche, en un interminable viaje de días escatológicamente imposible, dónde desmontó los asientos para que pudieran viajar más cómodos. Sus terriers. Y hoy sus impresionantes borzois han regalado al campo carreras de sublime estética que entusiasman a Diana cazadora y son el asombro de todos los dioses del Olimpo.
Su pasión le lleva a coleccionar más medio millar de libros de caza en varios idiomas, de los cuales 150 son específicos de caza a caballo. Ha resumido 70. Sueña con llegar a escribir una gran obra. Además de reunir una colección de objetos artísticos de subastas internacionales. No puede existir nadie en el mundo con más autoridad sobre la caza a caballo.
El discurso, impecable. Se levanta de la silla, con el empaque y la educada pero siempre arrogante sonrisa de un español, Mientras musita para sí, «Por mí no quedará», el lema de sus mayores. En su perfecto inglés arranca risas y carcajadas. Y gran emoción, cuando acaba caballerosamente brindando por los dos descendientes de la Reina Victoria: nuestro Rey Felipe, y su primo King Charles a quien queremos y admiramos por su encendida defensa del campo y de las tradiciones. Y a quien deseamos desde aquí lo mejor en estos momentos de cuitas. Pese a todo, no puedo evitar el resabio de brindar por lo bajini como antaño el único duque católico, levantando la copa de vino sobre la del agua musitando over the water para honrar a mis antepasados Estuardos, los auténticos monarcas, expulsados de la isla por seguir fieles a los dictados del Papa. Las miradas de todos son limpias. Es el mundo de la caza una milicia de gentes honradas. Y más aún si es a caballo. El apostar nuestra vida sobre estos sagrados animales nos hace ver el mundo desde una ventana especial abierta a la osadía y a la independencia.
El club. Ese templo social de plegarias mundanas. El impresionante salón. Rodeados de cuadros de glorias pretéritas. Que contemplan impasibles un espectáculo de otra época. Mucha pompa y circunstancia. Su flema y su humor. Los fracs, multicolores según su origen local, que ellos llaman white ties. Las chaquetas de terciopelo. Que menos para honrar a ese mundo que nos ha aceptado, tras epopeyas de correr tras la caza en pos de la libertad.
Nadie arrastra esos complejos estéticos que invitan al desaliño y la pereza. En esta nuestra hoy denostada España ya lo cantaba Pemartín en «tengo mucho de Lord y de gitano…»
«… Es mi capa, la capa más raída,
​y mi frac, el frac más elegante,
​con todas las mujeres soy galante,
​Aunque a veces me riña mi querida…»
Las señoras con sus mejores galas. Aquí no hay diferencias. Lucy Holland fue la más admirada lady Master de los Bicester hounds. La cena estupenda. Nada de quinoas y cursiladas de gentes de ciudad que practican absurdas abstinencias por su religión pagana. Todo para hacerse perdonar el vivir en la opulencia. Los veganos lo son porque tienen la suerte de poder elegir lo que comen.
El peso de los siglos cae cuando pasamos por la inmensa columna de Trafalgar, desde donde Nelson nos recuerda la única batalla en que nos ganaron… porque Napoleón nos obligó a aceptar el inexperto mando del francés Villeneuve. La verdad es que, superados ya los tiempos de las guerras sangrientas, los ingleses dejaron de ser nuestros enemigos para convertirse en rivales. Y es divertido ese enfrentamiento con los británicos. Un poco como el Madrid y el Barça. Adoran España. A todos les encanta nuestra tierra y nuestras gentes. Y buscan los más recónditos lugares para empaparse de nuestra cultura y nuestra forma de ver la vida.
Yo también los quiero y los admiro a partes iguales.
Y desde luego, el mundo sin ellos sería muchísimo más aburrido.
  • El conde de Teba es arquitecto y ganadero
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