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TribunaGuillermo Martínez-Correcher

La España invisible de Sánchez

Mucho más correcto y oportuno hubiera sido enviar de inmediato una fragata al Ártico, y luego comparecer ante el Congreso para dar las explicaciones oportunas, no excluyendo así de paso a ningún partido con representación parlamentaria

El sábado pasado, en una entrevista del diario La Vanguardia, grabada en imágenes y retransmitida luego en el canal oficial de la televisión española, nuestro presidente del gobierno afirmó que España «no había aún decidido» si enviar o no tropas a Groenlandia, porque antes quería hacer una «ronda de contactos» con los demás partidos políticos, a excepción de Vox. En contraste con ello, hasta ocho países de la Unión Europa ya habían decidido enviar tropas a Groenlandia, y lo habían hecho con el fin de reafirmar la soberanía europea en dicho territorio, y disuadir al presidente de los EE. UU. de proseguir con su delirante intento de apropiarse por la fuerza de dicha isla en caso de desacuerdo con Dinamarca. Esto último, a todas luces, sería un atropello al derecho internacional, y en particular a principios tan fundamentales de la convivencia internacional como son el respeto a la soberanía, la independencia y la integridad territorial de cualquier otro país miembro de las Naciones Unidas. Por si esto no fuera ya suficiente, se trata, esta vez, del territorio de un país aliado de los EE. UU. en su calidad de país miembro de la OTAN.

La premura con que otros países de nuestro entorno europeo han reaccionado y enviado tropas es reveladora de la parálisis que afecta a la política interior en España, y a su política exterior, en este caso, en particular. Dichos países, con una tradición democrática más dilatada en el tiempo que la nuestra, no han necesitado ni de un aval de sus parlamentos (pues es evidente que no se envían las tropas a combatir…) ni de ninguna otra consulta partidista previa. Lo que el Sr. Sánchez pretende con esa «ronda de contactos» es sólo ganar tiempo con la escenificación de una falsa cultura democrática. Mucho más correcto y oportuno hubiera sido enviar de inmediato una fragata al Ártico, y luego comparecer ante el Congreso para dar las explicaciones oportunas, no excluyendo así de paso a ningún partido con representación parlamentaria. Pues de lo que se trataría, a la postre, sería de justificar y defender una «política de Estado a posteriori» porque las circunstancias así lo exigían, y porque no había ninguna traba constitucional que lo impidiera. La previsible y minoritaria oposición de algún partido político a tal medida no sería sino un pacifismo malentendido, y una bofetada a la solidaridad debida.

Por añadidura, que España no sea objeto de las represalias arancelarias del Sr. Trump por no enviar tropas a Groenlandia, y parezca que con ello hemos ganado alguna ventaja, no es algo que debamos celebrar, sino algo de lo que, más bien, deberíamos avergonzarnos. Porque la tardanza de España en solidarizarse con Dinamarca es tanto más grave cuanto que, cuando España fue mencionada como posible objeto de represalias arancelarias por parte del Sr. Trump (por no asumir el techo de gasto del 5 % de su PIB en gastos de defensa), la UE «cerró filas» en defensa de España proclamando que la política comercial era sólo una, y competencia de la Comisión Europea. Aquí lo importante de mi argumento no es si debíamos o no aumentar nuestro presupuesto en Defensa, sino tomar nota de cuál fue la reacción de Europa ante las amenazas de Sr. Trump a España. ¿Es con esta moneda –la dilación en la toma de decisiones importantes– con la que pagamos la solidaridad europea con España?

Europa ya es de iure una alianza militar en sí misma, y tiene un comisario de Defensa, aunque aún carezca de las herramientas necesarias para ofrecer una verdadera política de seguridad y defensa. En consecuencia, lo que usted ha hecho con un socio europeo, Sr. Sánchez, ha sido una deslealtad y un craso error diplomático; y a mí, como ciudadano europeo, me avergüenza que España sea invisible cuando le toca no serlo.

  • Guillermo Martínez-Correcher es embajador de España
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