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TribunaJosé Manuel Otero Lastres

¿Será que nos trató como si fuéramos adultos?

Y es que si a los políticos les gustó tanto que les hablaran como lo que son «gente con edad», a los demás ciudadanos también nos gustaría que nos trataran como lo que somos y no «críos de párvulos». Los ciudadanos somos personas con plena capacidad para entender lo que se les dice con un lenguaje que sea claro

Act. 18 jun. 2026 - 13:54

Como ustedes saben, el Papa León XIV acaba de visitar España, impartiendo numerosos discursos, que fueron muy bien acogidos, en general, por la ciudadanía. Uno de ellos lo impartió en el Congreso de los Diputados, hablando como el líder de la Iglesia católica en la Tierra. Y es que nadie que no fuese el Sumo Pontífice podría referirse al «valor moral de las decisiones políticas», sin tener que referirse a «consensos sociales mudables» o al «vaivén de las mayorías de cada momento», y de reprochar «la descalificación permanente del adversario». Hacerlo todo ello en un lugar, como nuestro Congreso de los Diputados, en el que se ha convertido en práctica cotidiana referirse despectivamente a los demás diputados, solo es posible si eres el representante de Jesucristo en la Tierra.

El Papa ha sido tan convincente porque les habló «a políticos, de uno y otro lado del muro», apropiándose del discurso de las dos partes, y haciendo que cada parte no escuchara lo que se decía de la otra parte. Y es que alguien que con su fortaleza espiritual puede hablar a los que ejercen una responsabilidad pública del carácter especial como representante de la ciudadanía y puede decirles que deben cuidar las palabras para «desarmar el lenguaje», porque «la firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación», advirtiendo en una llamada a rebajar la agresividad verbal y la polarización.

Por todo lo dicho es de alabar que se escuchara al «hasta con verdadera devoción», ya que el discurso de una media hora recibió al final siete minutos de aplausos, siendo una de las ovaciones más largas que se recuerda en el Congreso de los Diputados.

La sorpresa que causó tan prolongada sesión de aplausos llevó a algún comentarista a criticar la actitud de los diputados y senadores porque es posible que oyeran sin saber alguno lo que decía León XIV. En ese sentido, el periodista Rubén Amón fue muy crítico con la actitud de nuestros políticos que ovacionaron siete minutos el discurso del Papa, habiendo aprobado en el Congreso leyes que poco tenían que ver con lo que con tanta devoción aplaudían. Este gesto no solo era inconsecuente, sino también engañoso, porque suponía otorgar un gran aplauso, después de haber votado a favor de que el aborto fuese considerado un derecho fundamental o de la ley 3/2021 de regulación de la eutanasia.

También en el programa de la COPE de Carlos Herrera, en un espacio que se llama Café de Redacción, una periodista, denominada Carmen Martínez de Castro, señaló –y esto me parece un gran acierto– que «el Papa había hablado dirigiéndose a personas que somos, en general, gente mayor». La postura de Martínez de Castro me llamó la atención porque me hizo recordar una Tercera del ABC, escrita por Bieito Rubido, en la que hablaba de que algunos políticos de la izquierda radical nos tratan a los ciudadanos como si fuéramos una «población infantilizada», cuando somos, muchos de nosotros, gente mayor.

Este excelente comentarista hizo referencia en varios de sus artículos que la «infantilización» nos sitúa en una supuesta pérdida de madurez democrática y responsabilidad individual. Entre otras cosas, Bieito hablaba de la tendencia existente de «detallar la queja y exigir un exceso de sobreprotección». Esta «puerilización», añadía Bieito, hace que, ante cualquier contratiempo, la reacción sea la queja constante en lugar de la búsqueda de soluciones proactivas.

Otro dato es, según Rubido, es «la falta de coraje ciudadano». Lo cual se traduce, en su opinión, en que los dejamos llevar por versiones simplistas de la realidad o por discursos populistas que apelan a las emociones en lugar de a la razón. Y añade, asimismo, que el infantilismo conduce a una pérdida de autoestima nacional. Esto implica que los españoles tendemos a «menospreciar nuestros propios logros (en infraestructuras, sanidad, democracia o patrimonio) y a glorificar errores del pasado o modelos externos, lo que él vincula con esa incapacidad de valorar la propia trayectoria democrática».

Todo lo que antecede lleva a Bieito a señalar la sociedad se ha olvidado de que «la democracia requiere ciudadanos adultos, informados y dispuestos a asumir los costes de la libertad».

Siguiendo una orientación similar a la de Bieito publiqué algunos artículos de opinión en los que criticaba el paternalismo del Estado moderno, el cual, en lugar de fomentar la autonomía y la responsabilidad del individuo, trata al ciudadano como a un «menor de edad» que necesita ser tutelado. Lo cual es peligroso porque debilita la capacidad de los ciudadanos para tomar sus propias decisiones, convirtiéndolos en sujetos pasivos que esperan soluciones mágicas o subsidios en lugar de ejercer su libertad con responsabilidad.

Me seguí apuntando al tema de la infantilización al tratar del deterioro del lenguaje porque al simplificar se utilizan eslóganes vacíos, y convierte al ciudadano en un incapaz de entender la complejidad de los problemas (económicos, jurídicos o sociales), o se le priva de las herramientas intelectuales necesarias para participar activamente en la democracia. Por último, cuando las leyes se vuelven volátiles o se utilizan para fines partidistas, se transmite el mensaje de que el éxito no depende del mérito ni del cumplimiento de la ley, sino de la adhesión a un bando o a un líder.

Y es que si a los políticos les gustó tanto que les hablaran como lo que son «gente con edad», a los demás ciudadanos también nos gustaría que nos trataran como lo que somos y no «críos de párvulos». Los ciudadanos somos personas con plena capacidad para entender lo que se les dice con un lenguaje que sea claro y accesible.

José Manuel Otero Lastres es académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España
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