Fundado en 1910
TribunaPablo González-Pola de la Granja

¿Fue Felipe González un paréntesis socialdemócrata en la historia del PSOE?

Zapatero y Sánchez han echado por tierra todo el capital socialdemócrata que se consolidó en el Congreso de Suresnes y no sé si podrán recuperarlo aquellos que están haciendo grandes esfuerzos para ello, porque saben que es lo mejor para España, como el colectivo Fernández de los Ríos

Sin duda, esta inquietante pregunta nos la hemos hecho más de una vez al recordar, desde la distancia, aquellos gobiernos socialistas de los primeros años de la transición a la democracia. Sobre todo, si lo comparamos con la polarización propiciada por los dos últimos presidentes socialistas: José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.

Felipe González recogió la tradición pragmática y reformista propia de Indalecio Prieto, totalmente contraria a Francisco Largo Caballero con una ideología revolucionaria y muy contraria a los partidos republicanos burgueses.

En un reciente libro de memorias publicado por Guillermo Medina relevante periodista de la Transición que dirigió el diario Ya, se muestra la posible influencia que el joven Felipe González pudo tener de su maestro en la Facultad de Derecho, Manuel Giménez Fernández. Este profesor, que fue propagandista y ministro de Agricultura por la CEDA en la República y se distinguió por su oposición al franquismo desde la democracia cristiana, insistía obsesivamente a sus alumnos en la tolerancia que debía propiciar la pacífica convivencia entre izquierda y derecha. En carta del propio Giménez Fernández al historiador Carlos Seco Serrano que este citó en un artículo publicado en El País el 13 de julio de 1991, hablaba de un intento de formar un gobierno parlamentario, desde abril de 1936. El objetivo era «oponerse y combatir a la demagogia fascista y frentepopulista». Este gobierno, de centro, debería incluir «desde la derecha socialista de Besteiro y Prieto hasta la izquierda democristiana de Lucía». En este proyecto estaban involucrados, además del propio Giménez Fernández, Besteiro, Maura y Sánchez Albornoz. Lástima que no se llevara a cabo, porque, sin duda, hubiera evitado la Guerra Civil que estalló poco después.

En una de las inolvidables veladas que pasé junto a mi maestro el profesor Seco Serrano en la rotonda del hotel Palace, me comentó que España debía estar muy agradecida a Felipe González porque, gracias a él, por primera vez los socialistas habían reconocido el carácter democrático de la derecha. Y esta es una clave fundamental para explicar el éxito del proceso de transición a la democracia y, a su vez, interpretar la supuesta pureza democrática de la República.

Transición que, con el impulso del rey Juan Carlos, se basó en el consenso de todas las fuerzas políticas. Como gusta recordar al exministro de Presidencia y Educación en los primeros gobiernos de la UCD José Manuel Otero Novas, el pacto tácito no fue olvidar la Guerra Civil, sino la no utilización política de esta. Justo lo que hizo, nada más llegar al poder José Luis Rodríguez Zapatero. Que, si algo de él pasará a la historia, probablemente será el ser el primer presidente del Gobierno de España procesado por corrupción. Posiblemente también será recordado por dar la puntilla final a la supuesta superioridad moral de la izquierda ya muy afectada en Galapagar y culminada por el contenido de la caja fuerte en el despacho oficial de Zapatero. Para mí, lo peor de este individuo, lo que marcará este periodo de la historia de España es haber vuelto a reabrir la herida de la Guerra Civil y el enfrentamiento visceral entre españoles con fines, exclusivamente electoralistas, dando así por finiquitado el consenso de la Transición. Además de excitar los extremismos afectando directamente a esa moderación que tan bien caracterizó el proceso de Transición.

Posiblemente, tal y como dice el profesor Florentino Portero, se trató de una estrategia de girar hacia la izquierda en vista de la debacle ocurrida en los partidos políticos socialistas europeos por empeñarse en la socialdemocracia. Pero un patriota, un presidente del Gobierno que debe pensar fundamentalmente en sus conciudadanos no puede hacer lo que Zapatero hizo y continuó el actual presidente del Gobierno con el único fin de perpetuarse en el poder.

Con el ejemplo del llamado Pacto del Tinell, siendo Zapatero secretario general del PSOE, por el que el partido de los socialistas catalanes pactó con los nacionalistas evitar todo acuerdo con el PP en 2003, Pedro Sánchez llegó veinte años después, en 2023 más allá. El día anterior a su investidura propuso en el Congreso levantar «un muro de democracia» contra PP y VOX. Curiosa interpretación de los valores democráticos que hace este hombre y muy lejos de lo preconizado por Felipe González en sus años al frente del Gobierno y del PSOE.

Zapatero y Sánchez han echado por tierra todo el capital socialdemócrata que se consolidó en el Congreso de Suresnes y no sé si podrán recuperarlo aquellos que están haciendo grandes esfuerzos para ello, porque saben que es lo mejor para España, como el colectivo Fernández de los Ríos. De no ser así, en efecto el periodo de Felipe González como secretario general del PSOE sería un paréntesis entre el revolucionario Largo Caballero y el oportunista Rodríguez Zapatero. Pero, sin duda, quien pierde es España, porque nunca como hasta ahora, desde 1978, fue tan necesario un gran pacto de Estado entre las dos grandes fuerzas políticas.

  • Pablo González-Pola de la Granja es miembro del Instituto CEU de Estudios de la Democracia
comentarios

Más de Tribuna

tracking

Compartir

Herramientas