El Papa, la juventud y la política
¿Qué mueve a estos miles de jóvenes a buscar en la religión lo que no encuentran en esta sociedad tan desvalorizada?
Puede que ya este de más destacar lo impresionante que han sido las jornadas de León XIV en España. Pero, sólo los que vivieron de cerca los tres acontecimientos centrales del programa papal en la capital pudieron apreciar el fervor y el enorme entusiasmo que despierta el mensaje cristiano y la figura del Santo Padre entre los jóvenes. Disfrutaban con el mismo entusiasmo tanto de la vigilia en silencio ante el Santísimo, como cuando coreaban las canciones de sus artistas preferidos. Aquello era tan indescriptible como emocionante.
Y uno, que hace mucho tiempo que dejó de ser joven, pero que se entusiasmó igual cuando en 1982 llegó San Juan Pablo II a la Castellana siendo recibido por Tierno Galván, se pregunta ¿Qué mueve a estos miles de jóvenes a buscar en la religión lo que no encuentran en esta sociedad tan desvalorizada? Pues a lo mejor es que estamos equivocados y que hay esperanza en el futuro de la mano del humanismo cristiano.
En mi larga trayectoria como profesor universitario he ido observando el paulatino alejamiento de los jóvenes por la política decepcionados, sin duda por una clase política que no para de dar espectáculos de corrupción y malas artes para no dejar el poder sin buscar el bien común. Pero ahora el problema es mayor y más preocupante. En unas jornadas que hace poco organizamos en la Universidad CEU San Pablo sobre los valores de la democracia, un estudiante levantó la mano para preguntarse para que quería la democracia si no podrá jamás disponer de una vivienda para formar una familia y hacer una vida normal, como la de sus padres. Y esto es muy peligroso porque cuestiona el principio de libertad y da pie a que prosperen aquellas opciones totalitarias de uno y otro eje del espectro político.
En esto llega el Papa León a España y mueve las conciencias de todos. Se reivindica como líder moral indiscutible a nivel mundial. Habla para todos, creyentes y no creyentes. Estos olvidan sus prejuicios anticlericales y ya no nos quieren arrinconar a los católicos en las sacristías y aquellos, los creyentes ya no consideran que, si un ministro de la Iglesia no es criticado por la izquierda, es que es un mal pastor. Este es el gran triunfo moral del Papa León, no sólo habla para los católicos, sino para todos. Se convierte en un referente moral y ético que, en uno u otro sentido agrada a la mayoría, sin abandonar los principios básicos del cristianismo y los reivindica sin pestañear. Y nadie se atreve a discrepar, y el aplauso en ese Congreso donde hace unos días se palpaba la tensión, dura nada menos que 7 minutos. Un discurso ejemplar del Papa que resume perfectamente lo que el humanismo cristiano puede aportar a la sociedad actual.
Me impresionó profundamente los discursos, ante el Papa en el Movistar Arena, de los lideres de las dos centrales sindicales de izquierdas junto a los de la patronal y desde aquí, como miembro de la grey que pastorea León XIV quiero agradecerles de todo corazón el ejemplo que dieron y que me hizo recordar los mejores tiempos de la Transición en los que la necesidad del consenso, en aras del bien común, unió a todos por encima de las ideologías. Por cierto, que, en un excelente artículo publicado, recientemente, en El País por la profesora Adela Cortina reivindicaba, para hoy, aquella sinergia en la transición entre el poder político, el económico, las fuerzas sociales y los valores éticos bajo el manto de una Monarquía parlamentaria.
Esta visita de León XIV ha sido providencial. Puede parecer, en función de los comentarios emitidos por las diferentes fuerzas políticas que ninguno piensa modificar su programa porque todos han adoptado aquellas ideas fuerza del discurso del Santo Padre que mejor coincidían con su ideario. Pero se equivocarían si no tienen en cuenta lo vivido por la juventud el pasado fin de semana en Madrid y Barcelona. Allí fue increíble el evento entorno a la inauguración de la torre de la Sagrada Familia una maravilla de buen gusto y eficacia técnica.
Sobresale en el discurso de León, como síntesis de todos los demás el interés que deben mostrar los responsables políticos por el bien común. Todo lo demás se resume en esto, como toda la doctrina cristiana se centra en el amor. Pero podríamos preguntarnos ¿Quién piensa en el bien común? Está inquietante pregunta sugiere una respuesta demasiado evidente y a la luz del discurso del Santo Padre en el Congreso interpela a todos los que se encontraban dentro y fuera del hemiciclo. El Papa en su visita a España ha puesto mucho énfasis en destacar la unidad y una forma de hacer política alejada de los malos modos y las descalificaciones. Sin duda esta es una de las características de las actuales relaciones entre los diferentes responsables políticos que más aleja a los jóvenes de este debate. Y estos Jóvenes que el domingo 7 de junio abarrotaban el entorno de la Cibeles en la eucaristía que celebró el Papa León pudieron escuchar de sus labios una de las frases más impresionante de sus discursos en España: «Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano». Esto y el constante recurso al respeto a la dignidad de la persona son las bases de la caridad que todo cristiano debe tener en cuenta. También cuando se plantea ejercer sus deberes ciudadanos.