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TribunaJosé F. Martín Cinto

La estación del verano

Tener que gobernar a base de decretos ley todos los días, es lo mismo que asumir que estamos cayendo de pleno en una especie de dictadura bolivariana, al estilo Maduro, que está claro que el insigne Zapatero conoce muy bien

Según la época del año en que estemos, nos toca vivir una de las cuatro estaciones en que se divide, que dependen de la meteorología a lo largo de los 365 días del año. Las hemos bautizado como otoño, invierno, primavera y verano. En el otoño, empieza a refrescar el ambiente y se produce la caída de las hojas de los árboles; en invierno vivimos con el signo de las bajas temperaturas; en primavera, empiezan a alargarse los días y el aumento de las temperaturas invita a salir a pasear y organizar excursiones en plena naturaleza. El verano, sin embargo, es un periodo que abarca desde el 21 de junio hasta el 21 de septiembre y no cabe duda de que es normalmente cuando los rigores del calor son más extremos, prácticamente en toda España.

No sé si por el calor, o por razones que se me pueden escapar, en nuestro país parece que hay un acuerdo no escrito de posponer los temas importantes, tanto en el ámbito profesional como en la vida pública, nada menos que prácticamente durante esos tres meses de verano, siendo muy frecuente la frase. «Bueno, mejor lo vamos a dejar para cuando acabe el verano». Nunca lo entendí muy bien y, como experiencia personal, gracias a Dios, mi organización y, como la mía, muchas más, están organizadas para rendir en verano, igual que en cualquier otra estación, ya que los problemas a resolver son independientes de que haga calor o estemos en el crudo invierno.

Digo todo esto porque vemos «un día sí y el otro también» que en la vida pública española, en cuanto aparece el 21 de junio, parece que no hay problemas que no se puedan posponer hasta septiembre, como si todo en el gobierno de la nación funcionara tan bien que se pudieran permitir descansos prolongados para recuperarse del tremendo esfuerzo que realizan el Gobierno y todos los diputados durante el año.

Me parece vergonzoso y más cuando estamos en una situación que no es la que nos cuentan todos los días desde el Gobierno, sino que es muy mala en todos los sentidos. Sólo arrimando el hombro de verdad y cumpliendo con el mandato que todos los diputados y el Gobierno han recibido de los españoles en las urnas, podremos poco a poco enderezar esta deriva en que nos ha metido un Gobierno, que no salió realmente de las urnas, sino de acuerdos vergonzosos, con aquellos partidos residuales y minoritarios, que quieren romper España y que lo están consiguiendo, con el entreguismo del jefe del Ejecutivo, cuyo único fin es permanecer en el poder a cualquier precio y para ello no le importa tener que trocear España, con lo peor de cada casa.

Ahora y aprovechando el verano, nos están intentando colar el gol de la ley de nietos, que de llevarse adelante, representaría sin duda una enorme suma de votos imposibles de controlar normalmente y que claramente está hecha para tratar que no siga produciéndose el desplome real del PSOE en la intención de voto. Esto y los engañosos sondeos del CIS sirven para tratar de que los españoles puedan seguir disfrutando de la progresía realmente invisible que proclama el Sr. Sánchez. Todo esto y mucho más lo intentan llevar adelante en este gobierno, antes de las pretendidas elecciones generales que nunca las convocarán hasta tener controlado de una forma o de otra el voto, es decir, poder justificar legalmente, lo que huele a pucherazo difícil de comprobar por los métodos tradicionales del buen hacer.

Todos lo vemos, día tras día, que en la situación en que se encuentra este Gobierno, sin presupuestos desde 2023, con un número importante de imputados y varios pesos pesados del gobierno condenados con sentencias de varios años de cárcel, es imposible gobernar de verdad y llevar adelante cualquier promesa electoral que en su día prometieron a sus votantes. Desde mi punto de vista, hace rato que tener que gobernar a base de decretos ley todos los días es lo mismo que asumir que estamos cayendo de pleno en una especie de dictadura bolivariana, al estilo Maduro, que está claro que el insigne Zapatero conoce muy bien y algo habrá tenido que ver en la implantación real en nuestro país, sin que, por cierto, se esté haciendo absolutamente nada, cuando todos los diputados tendrían que estar luchando contra tanta vergüenza, sin descanso y todos los días.

Qué poca talla están dando a España nuestra clase política en general, y la pregunta que me hago es: ¿No será que nos la merecemos?

Aprovecho la fecha del 19 de julio para poder referirme a la gran victoria de España en la final del Campeonato del Mundo de Futbol, celebrado en el Estadio MetLife de New Jersey en EE.UU., que ha sido uno de los tres anfitriones, junto con Canadá y México. Con independencia de lo bien que jugó España, justo vencedor, me ha emocionado, como ha salido a relucir en todos los rincones de España, la españolidad y la unidad de todos, para empujar y luego celebrar este gran triunfo. Destacó la gran fiesta española que fue, tanto en Cataluña como en las Provincias Vascongadas, pese a que en algún sitio, y no merece la pena reseñar cuáles, unos descerebrados, supuestos independentistas, intentaron boicotear las transmisiones del partido, que con grandes pantallas se estaba transmitiendo en todos los pueblos y ciudades de España. Toda España fue otra vez una bandera, un país y una unión, en lo que de verdad importa. La pregunta es: Después de llevar durante quince días una mayoría abrumadora, España y la Bandera, en el corazón y físicamente, por toda la geografía española, de norte a sur y de este a oeste, ahora, que ha acabado el Campeonato y las grandes fiestas y manifestaciones, como celebración de este gran triunfo, ¿nos van a volver a llamar fachas o de la fachosfera, por llevar de alguna manera la enseña nacional que con tanto amor y orgullo juré en su día defender?

  • José Fernando Martín Cinto es licenciado en Ciencias Físicas
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