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Cartas del Tarot

Una «vidente» echa las cartas del Tarot

Año nuevo, 'predicciones' fallidas: «La astrología es una sarta de sandeces, un engañabobos»

Aunque el horóscopo gana cada vez más adeptos entre los jóvenes, sobre todo a inicios de año, sus supuestas predicciones esconden una peligrosa relación con el intento de establecer un nuevo orden mundial

Fallecido en 2021, el sacerdote burgalés Manuel Guerra fue uno de los mayores expertos del mundo en el estudio de las sectas y de la masonería. Aunque su obra cumbre fue el Diccionario Enciclopédico de las Sectas, Guerra fue autor de una treintena de libros, algunos de ellos tenidos en el ámbito internacional como obras de referencia en su campo.

Pero su actividad divulgadora fue tanta –junto a los libros publicó centenares de conferencias, artículos y colaboraciones– que algunos de sus textos han caído en el olvido, a pesar de que su contenido es tan actual como necesario. Es el caso del libro 100 preguntas clave sobre la New Age, hoy prácticamente descatalogado y cuyo contenido no se encuentra disponible online, que hace 20 años publicó en la pequeña editorial burgalesa Monte Carmelo.

Más allá de sus explicaciones sobre la génesis y derivaciones de esa amalgama de creencias gnósticas que componen la llamada «Nueva Era», Guerra hacía en sus páginas una advertencia sobre la relación que hay entre la promoción del horóscopo, las ideas de la «Era Acuario» y los intentos de establecer un Nuevo Orden Mundial contrario a los principios de la civilización cristiana.

Auge del horóscopo entre los jóvenes

Unas palabras que, leídas dos décadas después, cobran un vigor llamativo, sobre todo a la luz del exponencial interés que suscita el horóscopo entre los jóvenes, al abrigo de las redes sociales y las aplicaciones de contactos.

Sólo un ejemplo: en apps como Tinder es frecuente que los usuarios no sólo identifiquen su signo del zodiaco para analizar sus posibles «compatibilidades» antes de hacer «match», sino que incluso incluyen sus «ascendentes» del horóscopo y hasta sus cartas astrales.

Conexión entre New Age y masonería

Pero, tras este tipo de iniciativas, hay conexiones nada inocentes. Como explica Guerra en su obra, «New Age no es un nombre inventado para designar lo que ahora se entiende por tal. Desde 1929 era el título de una de las más conocidas publicaciones masónicas en EE.UU. Este nombre fue divulgado también por la teosofía y por algunas ramas del esoterismo, hasta que fue adoptado por la Nueva Era, especialmente por obra de uno de sus principales portavoces, David Spangler, y sus folletos publicados desde 1967 con el título The New Age Vision».

Y alude a «un nuevo periodo o época de la humanidad y de su historia, la ‘Era (de) Acuario’, aureolado por el brillo de lo utópico e ideal; una especie de Edad de Oro como la de la mitología clásica», que indica que «nos encontraríamos casi al final de un ciclo astronómico-zodiacal (Piscis), e inicio de otro (Acuario)».

El inicio de un Nuevo Orden Mundial

La insistencia en el horóscopo no es baladí, pues según esta creencia «los imperios y religiones de Mesopotamia habrían florecido bajo el signo de Tauro; la religión judía, bajo el de Aries; y el cristianismo durante el signo Piscis, que habría empezado el 21 de marzo del primer año de nuestra era».

Ahora, tal y como alertaba Guerra, lo que se pretende asentar en el imaginario colectivo es que «el sol entrará en el signo Acuario, ‘el Aguador’ y con él vendrá un Nuevo Orden Mundial, una ‘humanidad nueva’ y una nueva religiosidad». Porque según los impulsores de estas ideas, «Ganímedes, vertiendo agua sobre el mundo, es símbolo de la Era Acuario y será como una inundación de abundancia: la Nueva Era de amor, paz, luz y concordia de cada uno consigo mismo, con los demás y con el universo».

El zodiaco y el «Cristo cósmico»

Eso sí, este tiempo nuevo excluye al Dios revelado en Jesucristo: «La aparición de la Era Acuario traerá la desaparición inevitable del cristianismo y la irrupción de una nueva ‘espiritualidad’ que gravitará alrededor del ‘Cristo cósmico’ o Maitreya, que ya habría retornado y empezado a manifestarse», advertía Manuel Guerra, que era experto en hinduismo, budismo y jainismo.

Así, la insistencia en el horóscopo se hace especialmente enfática a inicios del nuevo año, no sólo por el deseo de proyectar los siguientes doce meses, sino porque, como apuntaba este experto en sectas que fue miembro de la Real Academia de Doctores de España, «el signo del zodiaco Acuario va del 21 de enero al 19 de febrero y está dedicado a la diosa griega Hera, Juno entre los romanos, esposa del dios supremo en el panteón greco-romano: Zeus/Júpiter».

Contrario a la fe… y a la astronomía

La oposición entre el horóscopo y la fe cristiana es absoluta, como explica el Magisterio de la Iglesia. El propio Papa Francisco ha insistido en numerosas ocasiones en este aspecto, tildando de «contrabandistas de la verdad» a los videntes, taroristas y astrólogos.

Pero es que, además, la astrología y el zodiaco son contrarios a la propia astronomía, es decir, a la ciencia que estudia el cosmos. «De entrada –explicaba Manuel Guerra– la astrología, la división de los ciclos cósmicos, horóscopo, etc., permanecen todavía en el geocentrismo de la Antigüedad, pues observa los efectos de los astros como si estos gravitaran alrededor de la Tierra. Y a su vez, se opone al sentido común la división de toda la humanidad en solo 12 categorías diferentes (por los 12 signos del zodiaco) a pesar de las innumerables formas reales y posibles de caracteres, personalidad, etc.».

Nadie es del signo que cree ser

Además, la ciencia del siglo XXI «enseña que el eje de la tierra ha variado en una diferencia de 30 días», añadía, y por tanto, «ha cambiado la relación de los distintos signos zodiacales y los meses que tradicionalmente se les viene asignando», indicaba.

De hecho, «la astronomía moderna ha descubierto al menos un nuevo signo zodiacal, el ophiucus («en forma de serpiente», del 30 de noviembre al 17 de diciembre). Y considerados todos los planetas, el sol pasa por 28 constelaciones. Así que, si los días del año se dividen por 14 o por 28, y no por 12 como hasta ahora, queda totalmente trastocada la correspondencia entre el signo del zodiaco y la Era, así como respecto de los días o meses en el horóscopo, de forma que nadie es del signo zodiacal del que se imagina ser».

Santidad frente a las sandeces

Algo que, por tanto, hace no sólo imposible saber cuándo terminaría la supuesta era Piscis o empezaría la de Acuario, sino que convertiría ese cálculo en absolutamente irrelevante. Y de ahí que «la mayoría de los astrólogos hayan reaccionado malhumorados contra los astrónomos, sobre todo contra la Sociedad Astronómica Británica, descubridora del nuevo signo zodiacal y según la cual ‘la astrología es una sarta de sandeces, un engañabobos’», recordaba Guerra.

Y concluía: «En nuestros días, los cristianos deben preocuparse más de la Nueva Era y del neopaganismo que de las sectas y del budismo o demás religiones no cristianas. Pero a su vez, deben preocuparse mucho más de ser cristianos santos y apóstoles, que del paganismo moderno de la Nueva Era».

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