Gueshe Kelsang Gyatso fundó su grupo en 1991
'Tradición Kadampa', la peligrosa secta budista que se ha hecho con el convento de las clarisas de Granada
Desde el budismo 'oficial' se acusa a su fundador de «dirigir un verdadero movimiento internacional» salpicado por «escándalos, delitos e incluso crímenes»
De cara al exterior es un grupo budista más, con su halo de buenismo, armonía, equilibrio, paz e interioridad. Pero, tras esta máscara amable y benévola, Nueva Tradición Kadampa (NTK) se trata de una secta que profesa un culto casi idolátrico a su líder, Gueshe Kelsang Gyatso, uno de los primeros lamas tibetanos en aterrizar en la ideológicamente convulsa Europa de los años 70 y que falleció en 2022. Esta semana se ha conocido que el área de Urbanismo del ayuntamiento de Granada otorgó en enero la autorización de rehabilitación del antiguo convento de clarisas de Las Vistillas a Nueva Tradición Kadampa, que adquirió la propiedad por 2,5 millones de euros a un fondo de inversiones. Sus intenciones son ponerse manos a la obra para convertir el antiguo cenobio en un gran centro de meditación budista que abriría en 2026.
No se trata de la primera aparición de la secta en la ciudad andaluza. Abrieron su primer centro en el año 2000 por expreso deseo de Gueshe Kelsang, que pasó sus últimos años de vida en Granada, lugar del que se enamoró y donde se estableció. En España cuentan con una veintena de centros, y son más de un millar desperdigados por todo el planeta.
Culto al líder
«El venerable Gueshe Kelsang Gyatso Rimpoché apareció en este mundo porque la gente necesita el Budadharma para disfrutar de una vida feliz y llena de sentido», explica la página oficial de NTK, que insiste en su proselitismo para «cumplir el deseo del corazón de nuestro gurú», al que adorna con extraordinarias virtudes como una «inconmensurable bondad, profunda sabiduría y habilidad práctica».
La versión de sus oponentes es, más bien, la contraria. Porque NTK tiene muchos oponentes. Los primeros en calificar Nueva Tradición Kadampa de secta son los propios budistas, que llegan a advertir «de un riesgo social a escala internacional». «Instituciones budistas al más alto nivel, empezando por Su Santidad el Dalai Lama, han visto necesario poner las cartas sobre la mesa», señalan desde el budismo oficial.
Broncas con el Dalai Lama
Y es que las trifulcas entre el Dalai Lama y Gueshe Kelsang Gyatso vienen de atrás. Desde finales del pasado siglo se hicieron conocidas las manifestaciones públicas de los seguidores del santón tibetano contra el líder espiritual de los budistas y premio Nobel de la Paz. Concentraciones escandalosas con grandes pancartas, insultos, descalificaciones, gritos y abucheos acompañaban al Dalai Lama cuando visitaba algún lugar.
Pero el budismo oficial llega más allá, alertando de «comportamientos muy inapropiados para un lama», refiriéndose a Gueshe Kelsang Gyatso, al que acusan de «dirigir un verdadero movimiento internacional de difamación envuelto en todo tipo de acusaciones, escándalos, delitos e incluso crímenes».
El teólogo y experto en sectas Luis Santamaría del Río observa en uno de sus libros, La Nueva Era en el siglo XXI, que en Occidente «se ha establecido un ambiente cultural cada vez más impregnado de orientalismo», en el que «conceptos como el karma, la reencarnación, los chakras...» se han convertido en habituales. El especialista evidencia la contradicción que se da en las sociedades occidentales «que conservan aún muchas tradiciones y elementos cristianos pero, a la vez, hablan con toda naturalidad de la ley del karma o creen en la reencarnación».
«Lo oriental ha llegado para quedarse entre nosotros», lamenta Santamaría del Río. Así será, por lo menos, en el antiguo convento de las clarisas de Granada.