El arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, durante el desayuno informativo
Cobo recuerda que «toda modificación» en la basílica del Valle está sujeta «a los acuerdos con la Santa Sede»
Señala que el templo funerario «está bajo el cuidado» del Vaticano y lamenta que «lo han querido teñir de un color, y la Iglesia no entra ahí»
Había expectación en la mañana de este miércoles en la madrileña sede del diario La Razón por escuchar al arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, que ha protagonizado un desayuno informativo. Aunque, durante su intervención, ha tratado numerosos temas como la inmigración –para el que ha pedido un gran pacto de Estado con los dos grandes partidos y a nivel europeo–, las dificultades en el acceso a la vivienda o la salud mental, la primera pregunta que le ha planteado el presentador del acto, el periodista José Beltrán, ha sido sobre el Valle de los Caídos y sobre si «hay algún peaje que no sabemos en esa negociación con el Gobierno» por la «resignificación» del monumento.
El cardenal arzobispo de Madrid ha respondido que «estamos todavía en diálogo con muchos agentes» (y ha mencionado al Gobierno, a la comunidad benedictina y a la Santa Sede), y ha reconocido que «no sabemos realmente qué es lo que significa» la «resignificación» que quiere llevar a cabo del Ejecutivo de Pedro Sánchez. «Nosotros estamos con una misión que es la que debe tener la Iglesia, que es orar por la paz, que para eso se puso [el Valle de los Caídos], para eso están los benedictinos, para orar por la paz. Y hay una iglesia, y las iglesias son para orar por la paz, por la reconciliación y para celebrar la Eucaristía. Para eso está ahí y eso es en lo que queremos estar en esta negociación», ha recalcado.
Durante las pasadas semanas, en que «se han removido las aguas» en torno a este asunto, el cardenal Cobo ha señalado que «ha sido el el Gobierno el que lo ha administrado a través de Patrimonio Nacional, como tenemos otros monumentos, El Escorial u otros grandes monumentos en España». «La Iglesia ha ido allí porque se le llamó. Fue el Estado el que llamó a la Iglesia y quiso que hubiera una abadía y quiso que hubiera una basílica, y una basílica pontificia», ha explicado, en referencia a los acuerdos entre el Estado y la abadía de Santo Domingo de Silos (Burgos) de 1957, que contemplaban el establecimiento de una comunidad benedictina en el monumento que se iba a inaugurar. Por eso, «el actor principal es el Gobierno, el que lleva toda la acción de ese gran monumento, pero aparecen otras jurisdicciones internas». «Aparece la jurisdicción de los benedictinos que, como conocen, es una jurisdicción propia y con una regla también muy específica que asume su identidad y sus propias reglas de juego», ha añadido. «Está también la presencia de una basílica que está bajo el cuidado y los acuerdos con Santa Sede. Aparece también entonces en este momento la necesidad de relación con la Conferencia Episcopal (...) y la Nunciatura, con lo cual tenemos de repente un montón de elementos que hay ahí que tienen que entrar en la interlocución», ha explicado.
«Esos elementos, en un momento, dicen: Bueno, pues que haya uno solo que vaya conectando a cada una de las jurisdicciones. Y me tocó a mí», ha puntualizado el arzobispo de Madrid. «Nosotros ni hemos marcado fechas ni sabemos realmente qué es lo que significa» el plan del Gobierno respecto al Valle de los Caídos, ha reconocido el cardenal Cobo, quien ha recordado que, sobre la basílica, el Ejecutivo «tiene que hablar con Santa Sede. ¿Por qué? Porque esta está sujeta a acuerdos internacionales, y toda modificación que haya ahí, o todo acuerdo, tiene que hacerse con Santa Sede».
«He sido el interlocutor»
«Yo, lo que he sido, es el interlocutor, y estamos también esperando, porque todavía no sabemos realmente qué proyecto va a haber allí. Lo único que sabemos es que la comunidad sigue, y eso es lo que queríamos saber. Y sigue también la basílica y el culto, y se respetarán los elementos religiosos que hay alrededor», ha corroborado.
Respecto a las manifestaciones e insultos que recibió la pasada semana por parte de algunos manifestantes apostados en la puerta de la sede de la Conferencia Episcopal, ha reconocido que «personalmente se vive mal», y ha lamentado que «el problema es que el Valle, a veces hay gente que lo ha querido teñir de un color y ahora hay gente que lo quiere tener de otro, y la Iglesia no entra ahí». Según el arzobispo de Madrid, muchos de los manifestantes «se han dejado llevar y hay otros organizados que querían... Bueno, pues no sé qué querían de nosotros, porque yo lo que decía es que estoy un poco perplejo porque el la ocurrencia esta no ha sido nuestra, esto ha sido del Gobierno; pues planteádselo al Gobierno», ha concluido.