«De Egipto a Belén» (o «Camina la Virgen Pura»): el villancico que narra el viaje de María y José
El texto combina partes narrativas con partes dialogadas. Los personajes toman la palabra sin hacer depender de sus breves parlamentos de «verba dicendi», lo que hace muy fluido el diálogo
Francesco Giovanni Romanelli: «El regreso de Egipto».
Según la web de la Fundación Joaquín Díaz, este villancico se titula también «La fe del ciego», y el propio músico y folclorista lo interpreta a la guitarra, acompañando su voz. El villancico está incluido en su disco «Villancicos, romances y aguinaldos», grabado en 1989.
No es esta -aunque sea la que vamos a seguir- la única letra del villancico, pues al transmitirse por vía oral y sin autor conocido, son muchas las variantes, si bien todas coinciden en el argumento: por intervención de la Virgen, un ciego que ha calmado la sed del Niño obsequiándolo con unas naranjas en el viaje de la Sagrada Familia desde Egipto a Belén, recuperar la vista.
Esta es, por ejemplo, la versión del Coro de la Cátedra de Flamencología de Jerez. A la letra se ha añadido en su interpretación la frase continuamente repetida, «¡Viva el amor!».
El villancico ha tenido una gran difusión en los países de habla hispana. Esta es, por ejemplo, la versión del Corito Chichigua, uno de los principales proyectos misioneros que la Orden de La Merced lleva a cabo en Santo Domingo, y un referente musical en la República Dominicana (el Corito fue fundado en 2011 por el padre Santiago Rodríguez-Palancas, oriundo del pueblo manchego de Herencia):
La fe del ciego
de Egipto para Belén,
ya la mitad del camino
pidió el Niño de beber.
[2] -No pidas agua, mi vida, 5
no pidas agua, mi bien,
que los ríos bajan turbios
y no se puede beber.
[3] Allá arriba en aquel alto,
hay rico naranjel, 10
y el hombre que lo cuida, hiato
es un ciego que no ve.
[4] -Ciego, dame una naranja
«pa» este niño que trae sed. sinéresis
-Coja usted las que usted quiera, 15
las que sea menester.
[5] El Niño, como era niño,
no dejaba de coger;
las que cogía la Virgen
volvieron a florecer. 20
[6] Apenas se va la Virgen
el ciego comienza a ver.
¿Quién ha sido esa señora?
¿Quién ha sido esa mujer
[7] que en los ojos luz me ha dado 25
y en el corazón también?
Ha sido la Virgen Pura
que va de Egipto a Belén.
San José no aparece
En esta versión, el villancico se compone de 28 versos octosílabos repartidos en siete coplas asonantadas en los versos pares, con rimas agudas en /é/. E intervienen en él tres personajes: el Niño, la Virgen y un hombre ciego; a los que hay que añadir la voz del narrador, que tiene un eficaz papel en los dos versos que cierran el poema -un final del todo climático-, respondiendo a la pregunta del hombre ciego sobre quién se ha abierto los ojos del cuerpo y del espíritu: «Ha sido la Virgen pura / que va de Egipto A Belén» (versos 27-28).
Analizamos el papel de cada personaje en ese viaje de regreso a Belén desde Egipto. (En esta versión, San José no aparece; en otras sí; por ejemplo, en una de ellas, la Virgen coge tres naranjas, una de las cuales es para San José: «Una le ha dado al Niño, / y otra le dio a San José, / y otra se ha quedado ella / para probarla también»).
En primer lugar, el Niño: tiene sed y le pide beber a su madre (versos 14 y 4); y una vez que se encuentran en un naranjal, coge cuantas naranjas pueden para sacar su sed (verso 18); el inciso «como era niño» (verso 17) parece que sirve como disculpa a su acción. En la transcripción se observa una intencionalidad en la letra inicial de las palabras «Niño» (con mayúscula, porque es el Niño-Dios) y «niño» (con minúscula, para referirse al crío).
En segundo lugar, la Virgen, así llamada en los versos 19 y 21, y también en el 27, con el añadido del adjetivo que alude a su virginidad, antes, durante y después del nacimiento de Jesús: «Virgen Pura». Dirigiéndose a su hijo -al que llama «mi vida» y «mi bien»- que tiene sed, le impide que beba agua del río porque está sucia (versos 5-8). Y, por ello, le demanda a un ciego que cuida de un naranjel que le dé una naranja para que el Niño pueda calmar su sed (versos 13-14) Y cuando tiene permiso para coger las que quisiera, «las que cogía […] / volvían a florecer», lo que, sin duda, es un hecho maravilloso. El ciego se refiere a ella llamándola «señora» (verso 23) y «mujer» (verso 24); y el narrador, «Virgen Pura».
En tercer lugar, el hombre que cuida de un naranjel: «es un ciego que no ve» (verso 12, en el que se intensifica el hecho de su ceguera mediante una construcción pleonástica). En respuesta a la petición de la Virgen, le da ocasión para que tome las naranjas que necesita para calmar la seda del Niño (versos 15-16). Y «comienza a ver» (verso 22) en cuanto la Virgen continúa su camino hacia Belén (verso 21). Y es consciente de la relación causa-efecto entre la intervención de la Virgen y su transformación tanto física (verso 25, que contiene un ligero hipérbaton: «en los ojos la luz me ha dado»), como espiritual (verso 26: «y en el corazón también» [me ha dado luz]). De ahí su pregunta acerca de quién esa «señora/mujer» que le ha cambiado la vida (versos 23-24, que constituyen un caso perfecto de bimembración, porque las palabras incluidas en cada uno de los dos versos pertenecen a la misma categoría gramatical y están colocadas en el mismo orden: «¿Quién ha sido esa señora? / ¿Quién ha sido esa mujer…?».
Y, en cuarto lugar, la voz del narrador. En la primera estrofa plantea la causa del conflicto que pone en marcha la acción narrativa: A mitad del camino entre Egipto y Belén, el Niño tiene sed. En la tercera, ubica un naranjel -en un sitio elevado- y lo caracteriza con un certero adjetivo para denotar su fertilidad («rico»). En la estrofa quinta presenta a la Virgen ya su hijo cogiendo naranjas, diferenciando la conducta de ambos. Y, finalmente, en la estofa séptima, interviniendo en el relato, le descubre al ciego que quien ha operado el milagro de sacarlo de la ceguera material y espiritual ha sido «la Virgen Pura» (verso 27).
El texto combina partes narrativas con partes dialogadas. Los personajes toman la palabra sin hacer depender de sus breves parlamentos de «verba dicendi», lo que hace muy fluido el diálogo. Así lo vemos en la copla segunda (versos 5-8), en la que la Virgen responde a la petición de su hijo (verso 4: pidió el Niño de beber”), negándole que tome agua del río, debido a su turbulencia. La estructura de los versos 1 a 8 (las dos primeras coplas) es muy dinámica: el Niño no pide de beber en estilo directo, sino que es el narrador quien nos informa de su sensación de sed; y quien le habla directamente al Niño es la Virgen. También es muy rápido el diálogo entre la Virgen y el ciego, a razón de dos versos por intervención: «-Ciego, dame […]» (verso 13), «-Coja usted» […] (verso 15). La Virgen emplea el tuteo («Dame no así el ciego»); las que desees, y se lo dice de forma redundante, lo cual es propio del folclore popular: «[...] las que usted quiera, / las que sea menester» (versos 15-16). Por último, en parte de las coplas sexta y séptima (versos 24-26), unidas por un encabalgamiento oracional (nombre+relativo), al desconcierto del ciego ante el milagro producido, preguntando por la identidad de la responsable, es el narrador quien le responde quién ha obrado el prodigio. Quizás la estructura dialógica del texto haya sido suficiente para no precisar del estribillo que es tan característico de los villancicos.
Hemos dejado para el final la métrica del texto, apta para las exigencias rítmicas de la interpretación musical del villancico. Todos los versos son octosílabos. El verso 15 requiere una atenta lectura: «pa este niño que trae sed». De entrada, la preposición «para» sufre un apócope y se convierte en palabra monosílaba («pa»); y la palabra «trae» contiene una sinéresis y resulta también monosílaba. Al terminar el verso en palabra aguda («sed»), se añade una sílaba más al cómputo silábico, por lo que resulta así un verso octosílabo. Y en cuanto a la rima, se mantiene la asonancia aguda /é/ en todos los versos pares. De hecho, en el verso 10 se ha empleado la palabra «naranjel» (cuando es más frecuente «naranjal») para obtener la rima asonante en /é/. El poema constituye un romance repartido en coplas de cuatro versos, por lo que se mantiene el ritmo cuaternario.