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Monseñor Daniel Edward Thomas, obispo de la diócesis norteamericana de Toledo

Monseñor Daniel Edward Thomas, obispo de la diócesis norteamericana de ToledoDiocesis de Toledo (Ohio)

«Nadie nace en el cuerpo equivocado»: un obispo pide responder a la disforia de género «con amor y claridad»

Tras publicar hace unos meses una contundente carta contra la ideología de género, el obispo de la diócesis de Toledo (Ohio) ha vuelto a repetir que la doctrina de la Iglesia no ha cambiado y exige «acoger con misericordia» pero llamando a «vivir en la verdad»

Monseñor Daniel E. Thomas es obispo de Toledo, pero está a más de 7.000 kilómetros de distancia de la capital de Castilla-La Mancha, porque se trata de la diócesis norteamericana de Toledo, Ohio, en Estados Unidos. Y, sin embargo, sus palabras han sonado incluso al otro lado del océano en los últimos meses por su rotunda claridad en la defensa de la doctrina católica en un asunto tan delicado como la ideología de género y, en particular, de las doctrinas trans.

Su carta pastoral The Body Reveals the Person: A Catholic Response to the Challenges of Gender Ideology (El cuerpo revela a la persona: una respuesta católica a los desafíos de la ideología de género) publicada el pasado agosto de 2025, es, hasta la fecha, el documento más extenso publicado por un obispo sobre este tema.

Y ahora, en una amplia entrevista con la periodista Raffaella Frullone en la revista italiana Il Timone, monseñor Thomas explica por qué considera urgente hablar claro de la disforia de género… y por qué la Iglesia no puede sumarse «al juego de los pronombres» que niegan la realidad y, sobre todo, que cierran la puerta a la conversión de la persona.

Fruto de las dudas de las familias

El propio prelado estadounidense explica en su entrevista que el texto no nació de un debate teórico, sino del sufrimiento concreto de padres y jóvenes: «Muchos fieles me han instado a hacerlo, pidiéndome ayuda», explica. Y, en concreto, habla de padres que buscan orientación para acompañar a sus hijos y de chicos católicos desorientados ante la presión cultural.

El núcleo, recuerda Thomas, cabe en una frase: «Las personas que sufren disforia de género deben saber que Dios las ama y las ha creado según un buen diseño, y que cambiar su cuerpo no las llevará a la felicidad».

Sentimientos, cuerpo y verdad

Buena parte de la entrevista aborda un tema incómodo: el sentimentalismo instalado dentro del propio cuerpo eclesial, y la «tiranía de los sentimientos» que impregna las sociedades occidentales.

Ahí, en perfecta consonancia con la doctrina eclesial, monseñor Thomas recuerda que «los sentimientos, por sí mismos, no son ni buenos ni malos, pero no pueden convertirse en criterio último de verdad moral». Así, el hecho de que una persona «sienta» que es de un género diferente a su biología no convierte ese sentimiento en realidad, ni tampoco en una brújula que justifique su comportamiento.

Y pone un ejemplo sencillo: también un adulto heterosexual puede sentir atracción fuera del matrimonio, y eso no justifica «actuar en consecuencia» siendo infiel.

Así, en la disforia de género –término que el prelado usa para devolver el debate al terreno de la medicina y la psicología, en lugar de «transexualidad»–, ocurre algo parecido: sentir que se pertenece a otro sexo exige acompañamiento, escucha y ayuda psicológica seria… pero no convierte ese deseo en realidad, ni autoriza moralmente a nadie a dañar o mutilar un cuerpo sano.

Frente al eslogan «el cuerpo es mío y yo lo controlo», el obispo insiste en que la persona «no está dividida entre un yo verdadero interior y un cuerpo que se pueda manejar como un objeto»: cuerpo y alma forman una unidad, y «el cuerpo revela a la persona».

«No podemos amar lo que no es verdadero»

El punto más delicado para la cultura norteamericana llega con el uso de pronombres y nombres sociales. Y ahí, monseñor Thomas reconoce que, aunque pastoral y socialmente pueda ser un problema o incluso un sacrificio, la verdad exige ser tajante «sin ambigüedades»: «No podemos amar lo que no es verdadero». Y señala que alimentar la ilusión de que un varón puede convertirse en mujer –o al revés– «no es acompañar», sino hundir más en la confusión a quien ya vive en ella.

Por eso, advierte contra la presión para que la Iglesia adopte el lenguaje trans y las categorías de la ideología de género. La verdad, recuerda, no es «mi verdad» o «tu verdad», sino Alguien: «Jesucristo es el camino, la verdad y la vida». Y la biología –subraya el prelado– confirma lo que la fe enseña: el sexo está inscrito en cada célula, no es una construcción cultural que pueda cambiarse a golpe de quirófano u hormonas.

«Afirmar que un hombre puede llevar adelante un embarazo o tener un útero es simplemente falso. Por eso debemos insistir en lo que la biología nos dice claramente (...). Es una evidencia. Hay quienes intentan modificar el cuerpo para adaptarlo a una percepción subjetiva, pero sin lograrlo realmente. Las estadísticas, por desgracia, son dramáticas: muchas de estas personas acaban quitándose la vida. Esto demuestra que el problema sigue sin resolverse», señala.

Acompañar sin renunciar a la cruz

Lejos de un tono condenatorio, tanto la carta como la entrevista parten de la necesidad de acoger y acompañar «con misericordia y claridad», y con un mensaje directo a la persona con nombres y apellidos que sufre disforia de género: «Quiero que sepas que no estás solo. Cristo te ama. La Iglesia te quiere. Y yo te quiero», escribe Thomas en su misiva, invitando a unir ese sufrimiento a la cruz de Cristo como camino de redención.

«Nuestra tarea es amar a las personas por lo que son, como han sido creadas, ayudarlas a reconocerse como tales y a verse como buenas. A menudo, quienes sufren de disforia de género viven una profunda perturbación interior y llevan consigo heridas relacionadas con el pasado: en muchos casos abusos, en otros dificultades psíquicas, traumas o situaciones de fuerte estrés. De ahí surge la percepción de estar en el cuerpo equivocado», indica el prelado para Il Timone.

Y recuerda que el deber de la Iglesia es «ayudar a estas personas a comprender que su cuerpo no es equivocado, que Dios mismo las ha creado tal y como son. Incluso cuando alguien, en un momento determinado, tiene dificultades para sentirse cómodo en su propio cuerpo, hay que tranquilizarlo con una verdad fundamental: Dios lo ha creado bueno».

Y concluye: «A lo largo de los siglos han existido corrientes de pensamiento que han considerado la materia y el cuerpo como algo malo; sin embargo, la Iglesia nunca ha compartido esta visión. Al contrario, todo culmina en la Encarnación: Jesucristo asumió un cuerpo humano, santificándolo. Por eso, todo cuerpo es creado bueno. El verdadero reto es ayudar a cada uno a reconocer y acoger esa bondad».

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